Yulimar Rojas y las barreras por romper en 2023

Yulimar Rojas es dueña del récord mundial de 15,74 metros y de cuatro de las mejores cinco marcas de 2022. (FUENTE EXTERNA)

¿Ser la primera mujer que alcanza 16 metros en el salto triple? ¿Ganar su cuarto campeonato mundial de atletismo? ¿Una nueva Liga de Diamante? Sin rivales que parezcan capaces de eclipsarla, Yulimar Rojas volverá a competir en 2023 contra sus propios límites.

«Vienen más campeonatos», avisó la carismática atleta venezolana, sin dudar, después de colgarse en julio la medalla de oro del salto triple en el Mundial, en Eugene (Estados Unidos), alzándose de ese modo como la primera tricampeona del orbe en esta prueba.

Ganadora del oro en los reprogramados Juegos Olímpicos de Tokio-2020, el año pasado, Rojas posee a los 27 años tres preseas doradas en mundiales al aire libre (2017, 2019 y 2022) y otras tres bajo techo (2016, 2018 y 2022).

No es suficiente, sin embargo, para esta morena de 1,92 metros de estatura y camaleónico cabello que cambia de color en cada competencia en la que participa. Quiere más.

Tiene subrayado en la agenda 2023 un evento: el Mundial de Budapest, pautado del 19 al 27 de agosto. 

Y la Liga de Diamante, con 15 válidas, empieza el 5 de mayo con la reunión de Doha.

Nacida para saltar 16 metros

Convencida de vivir una «época dorada del atletismo» junto a figuras como el pertiguista Armand ‘Mondo’ Duplantis o la vallista Sydney McLaughlin, Yulimar Rojas está segura de que «tarde o temprano» quebrará la barrera de los 16 metros del triple salto.

La autoridad con la que derrumba hitos fortalece su confianza: el oro de Tokio-2020, en agosto de 2021, había llegado con una marca de 15,67 metros que coronó la rebelión con la que desplazó del trono a la vieja reina de la especialidad, la colombiana Caterine Ibargüen, que la había relegado a la plata en Rio de Janeiro-2016. 

Dejaba entonces atrás la plusmarca de 15,50 que había fijado la ucraniana Inessa Kravets en 1995, el mismo año en el que nació Rojas en Caracas.

La niña que creció con miedo a que la lluvia derrumbara el humilde «ranchito» en el que creció en Pozuelos, a las afueras de la ciudad costera de Puerto La Cruz (noreste), hace tiempo que no tiene temor a trazarse metas cada vez más ambiciosas, convertida en una mujer de oro. Los venezolanos les dicen «ranchos» a viviendas de bloques y techos metálicos en barrios humildes, a imagen y semejanza de las favelas de Brasil.

Salto largo

Libre de temores se pone otro reto con vistas a los Juegos Olímpicos de París-2024.

Allí tiene planificado competir en dos pruebas, sumando el salto largo -prueba que probó en su adolescencia, cuando cambiaba su sueño de ser voleibolista de selección nacional por el atletismo- con el salto triple.

«Desde pequeña esa muchacha era buena en todo: kickingball, pelotica e’ goma (frontón), básquet, softbol, fútbol, todo», dijo en junio de 2021 a la AFP su padrastro, Pedro Zapata, un exboxeador profesional que llevó el gusto por el deporte al ranchito de Pozuelos, que hace mucho tiempo fue, en efecto, arrastrado por el viento y la lluvia, cuando la familia ya se había ido de allí. 

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