El final de ‘The White Lotus’ nos regala una nueva estrella

ATENCIÓN: este artículo contiene spoilers del final de The white lotus

Imagen de la segunda temporada de 'The white lotus' (Fabio Lovino/HBO)Imagen de la segunda temporada de 'The white lotus' (Fabio Lovino/HBO)

Imagen de la segunda temporada de ‘The white lotus’ (Fabio Lovino/HBO)

Como un guante. Así calza de perfecto el final de The white lotus con todos sus giros, muertes, traiciones y despedidas inesperadas. Hasta la previsibilidad en la mayoría de sus tramas fue ejecutada con maestría demostrando que su creador, Mike White, sabía todo el tiempo lo que hacía. Sin embargo, si la serie del momento (con perdón de Miércoles) deja huella en el final de su segunda temporada es sobre todo por una actriz en particular, y un personaje con una transparencia ante la audiencia que no olvidaremos fácilmente.

Y no hablo de Jennifer Coolidge, la reina del mambo de la primera temporada que volvió para esta segunda tanda como la ignorante pero entrañable egoísta millonaria Tanya. Ella también se hizo notar, sobre todo por un desenlace que nadie veía venir de tintes paródico-trágicos que solo a ella le podían ocurrir. Sino que hablo de una actriz que logró hacerle sombra con un personaje que se fue cociendo a fuego lento hasta convertirse en el plato fuerte: Meghann Fahy.

Imagen de la segunda temporada de 'The white lotus' (Fabio Lovino/HBO)Imagen de la segunda temporada de 'The white lotus' (Fabio Lovino/HBO)

Imagen de la segunda temporada de ‘The white lotus’ (Fabio Lovino/HBO)

A pesar de llevar poco más de una década en el universo de las series, muchos conocimos a Meghann hace relativamente poco como una de las protagonistas en The bold type. En esta comedia dramática sobre tres amigas que trabajan en una editorial interpretaba a la más comprometida en el amor, pero también a la más perdida a nivel profesional, dudosa pero con ganas de llegar lejos en la vida. Ahora, en The white lotus la descubrimos como Daphne Sullivan, la esposa de un millonario interpretado por Theo James que juega el papel de inocente ante las infidelidades constantes de su marido pero que, en realidad, tiene muy claro con quién está casada y recurre a la manipulación más transparente en su venganza.

Confieso que al inicio de la segunda temporada no soportaba al personaje de Daphne. Me parecía el claro ejemplo de petulancia y arrogancia de clase alta que la serie tanto parodia. Las charlas superficiales que mantiene con su esposo ante la mirada de la pareja que hace el viaje con ellos -Harper (Aubrey Plaza) y Ethan (Will Sharpe)- la convertían en un personaje que no generaba simpatía. Sin embargo, a medida que avanzaron los siete episodios fuimos descubriendo a una mujer de capas profundas, tan resignada como comprometida pero, sobre todo, empoderándose de manera tóxica a base de venganza.

Lo dejó entrever en un episodio cuando confesaba a Harper que ella también tenía sus aventuras, en su caso con un entrenador, alardeando de ello. Pero creo que muchos no quisimos creerle, viéndola como una mujer que prefería aparentar ante los demás antes de aceptar públicamente las traiciones que vivía en secreto. Incluso cuando Cameron contaba a su amigo que Daphne era igual que él en cuanto a la picardía que daban a la relación provocándose mutuamente, muchos dudamos. Pero entonces, en el final, salió la verdad.

En una secuencia del séptimo y último episodio, el marido de Harper se la pasa dudando de su esposa, convencido de que ha mantenido relaciones con su amigo Cameron, y esposo de Dahpne. Y cuando por fin confirma que hubo un beso y que Cameron tuvo intenciones de acostarse con ella, se enfrenta a él en una pelea para luego toparse, frustrado y dolido, con Daphne. Ella le pregunta qué le pasa y él comparte su dolor ante el posible affaire entre sus esposos. Y en ese momento Meghann transmite la dicotomía de su personaje con miradas, gestos y un monólogo que la define de una vez por todas.

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Primero deja entrever su dolor, a punto de por fin aceptar en voz alta la realidad de su relación. Pero no. Reflexiona, sonríe y continúa apostando por vivir en una burbuja consciente. “No creo que tengas nada de qué preocuparte” le dice a Ethan con una sonrisa forzada. Y entonces abraza un juego de manipulación sorprendente que, si te dejas llevar por la transparencia de su mirada, hasta te lo crees desde casa.

Nunca sabemos lo que pasa en las mentes de otras personas o lo que hacen. Pasas cada segundo con alguien y sigue habiendo una parte que es un misterio” le dice a Ethan mientras la cámara capta la naturalidad de la actriz, sin maquillaje y con pecas en primer plano. Porque de eso se trata: que su vertiente más real sea el disfraz perfecto para el mensaje que está enviando en secreto.

No hace falta saberlo todo para amar a alguien. ¿Un poco de misterio? Es un poco sexi” continúa. “Yo soy un misterio para mí misma. Honestamente me sorprendo conmigo todo el tiempo. Haces lo que tienes que hacer para no sentirte una victima de la vida ¿sabes? Usa tu imaginación”. Y con eso lo invita a recurrir a su mente para entender su mensaje mientras, a continuación, le señala una isla remota cercana que quiere visitar, invitándolo a ir con ella en ese momento. Ethan parece confundido hasta que, en plena caminata se da cuenta del juego de manipulación del que acaba de ser víctima y, en su propio dolor, lo acepta.

De esta manera, Daphne deja de ser víctima para erigirse como un personaje vengativo y tan tóxico como su marido. Una mujer que busca venganza dándole a Cameron donde más puede dolerle, pero guardándose la venganza como plato frio propio. Ellos muestran una relación con atracción y alto apetito sexual, jugando a provocarse con celos infantiles como parte de su rutina. Pero, al final, descubrimos que existe verdad en todo ello y con una secuencia transparente realmente asombrosa. Un éxito de escena que funciona gracias a Meghann y la naturalidad que impregna en la mirada, los gestos y su forma de recitar el monólogo.

La segunda temporada de The white lotus nos habrá deleitado con todo tipo de personajes, la mayoría tan odiosos como en la primera -a excepción de la gran revelación que es Valentina, la manager del hotel en Sicilia (interpretada por Sabrina Impacciatore)- pero viendo el final, es Daphne y la actriz que la interpreta la que realmente se quedará en el recuerdo de quienes sucumbimos a esta magnifica temporada.

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