Remontada BBVA: Bernabéu, Benzema, Vinicius y Ancelotti

Que hay una eliminatoria sin el Bernabéu y otra con él es el combustible que transporta al Madrid frente al Mánchester City, al que se le fue la sentencia en el Etihad por desatender la retaguardia y hoy se ve expuesto al oleaje de un estadio donde no hay imposibles. El público es el centro de la escena. Ancelotti ha preparado un partido para mantenerlo enganchado los 90 minutos y lo que venga. Y Guardiola espera que esa conexión se rompa pronto (sigue el encuentro en directo en As.com).

El Madrid siempre fue equipo de futbolistas y el City pretende ser la obra de un entrenador. Hoy tendrá que verse el peso de lo uno y de lo otro. El equipo de Guardiola, seis años después de su llegada, ofrece todos sus rasgos: un 60,3% de posesión de pelota en la Champions (en la Premier roza el 68%), una presencia superior en campo contrario (solo en los once partidos de esta Copa de Europa ha lanzado 24 córners más que el Madrid), el mayor número de ataques en la competición (756 frente a los 586 de su rival de hoy). En definitiva, un equipo sumamente territorial y coral. Seis de sus jugadores llevan ya más de 12 goles en el curso.

Muchas de las fortalezas del City no se encuentran en la plantilla del Madrid pero, a cambio, Guardiola no dispone de dos factores tan desequilibrantes como Benzema y Vinicius. Solo por ellos el equipo Ancelotti llega vivo a este partido. El francés ha marcado un gol en dos de cada tres disparos a puerta: 14 dianas en 21 intentos. Todo en diez partidos. Esa capacidad nuclear no está a alcance del City. Tampoco la velocidad de Vinicius, máximo regateador y segundo asistente del torneo. Hoy estará más vigilado, porque Guardiola recupera al lesionado Cancelo, y quizá a su centinela natural, Walker, que no juega desde el duelo del Wanda.

El belga prodigioso

De Bruyne es el hecho diferencial del City. Ha marcado quince goles (está a uno de su mejor registro) y ha dado 12 asistencias. Los datos, como refleja el estudio de inteligencia artificial de Olocip, revelan que está en el mejor año de su carrera en rendimiento ofensivo y no tanto en construcción de juego.

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Kevin de Bruyne, en el último entrenamiento del City.
REUTERS

De Bruyne fue un niño prodigio, pero excesivamente introvertido. Llegó al Genk con 14 años y pasó la primera temporada en una pensión. En la segunda, el club decidió pagarle la estancia con una familia de acogida que un año después le rechazó: «Le dijeron a mi madre que era demasiado callado». El club decidió entonces no sufragar el gasto de otra temporada con una familia. A De Bruyne le pudo la indignación y la convirtió en energía. En su primer partido con el segundo equipo del Genk salió del banquillo tras el descanso y marcó cinco goles en un tiempo: «Tenía tanto fuego dentro de mí…». Pocos días después, con 16 años, debutaba en el primer equipo.

El Chelsea lo fichó con 21 y se lo cedió al Werder Bremen en 2012. Un año después regresó para ponerse a las órdenes de Mourinho. Disputó dos de los cuatro primeros partidos, desapareció después y bajó los brazos: «Cometí errores, fui ingenuo». Cuando pidió explicaciones al portugués, este sacó un papel y leyó: «Una asistencia, cero goles, diez recuperaciones…». Y después le fue recitando datos de Willian, Óscar, Mata, Schürrle, todos con mejores registros. «Ahí sentí que el club no me quería y le pedí que me vendieran», recuerda. En invierno se marchó traspasado al Wolfsburgo por 20 millones. Al año siguiente el City pagó por él 76. Mourinho explicó tres años después: «No estaba listo para competir, se entrenaba mal». Guardiola, que ya se lo encontró allí, le ve como «uno de los mejores del mundo». «Pep y yo tenemos una mentalidad similar, aunque él es más apasionado. Tiene el doble de estrés mental que los jugadores porque no solo le interesa ganar; busca la perfección», ha reconocido el belga.

De Bruyne es uno de los tres futbolistas que reservó Guardiola ante el Leeds. A los otros dos, Mahrez y Bernardo Silva, se les da por seguros. Como a los dos que no acabaron el partido, Rodri y Foden. La plaza que queda libre de la defensa hacia adelante anda entre Gündogan y Gabriel Jesús, pesadilla blanca.

Valverde tiene ventaja

En el Madrid solo queda un puesto en disputa. Con Nacho como sustituto de Alaba, que va en la lista como animador, Ancelotti debe elegir entre Valverde y Rodrygo. Que el primero no jugara un minuto ante el Espanyol es un dato significativo. Esta vez Ancelotti podrá contar con Casemiro, el colmillo de su centro del campo. El equipo, en el Etihad, hizo solo cinco faltas, la primera en el minuto 40. En la Liga, su media es de 11. Un punto de agresividad, que exigirá el Bernabéu, puede resultar imprescindible.

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Benzema, junto a Valverde, durante el entrenamiento del Madrid.
Realmadrid.com

El City ha jugado 54 partidos este año y ha perdido solo siete, pero dos fueron en la Champions, ante PSG y Leipzig. Y también lo mereció ante el Atlético. Además ha dejado escapar tres títulos. Del Madrid puede decirse algo parecido. De sus ocho derrotas en 50 partidos, la mitad llegaron en la Champions. Dos, ante Chelsea y el propio City, son las más recientes.

El plan de Ancelotti será marcar primero y sacar luego partido del contragolpe, que hasta ahora ha sido menos de lo que parece. Sólo un 11% de los goles llegaron así. El resto del trabajo le corresponde a un Bernabéu que, como anunció Benzema, es una caja mágica.

Líderes

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Faltas recibidas
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Pases por partido