Épico Carreño en Barcelona

Viernes excelente y maratoniano de Pablo Carreño. El tenista español disputará su tercera semifinal del Torneo Godó tras superar en octavos de final a Lorenzo Sonego y en cuartos a Casper Ruud, número 7 del mundo. La semifinal sabe a gloria y más tras verse obligado a disputar dos partidos, seis sets y cinco horas y 44 minutos de juego. Ante Ruud, Carreño tiró de carácter y tenis para remontar (salvó tres bolas de partido) e imponerse con un resultado de 4-6, 7-6 (8) y 6-3 en tres horas y dos minutos. Este sábado buscará un lugar en la final ante el argentino Diego Schwartzman.

Carreño se presentó en la pista Rafa Nadal solo dos horas y 20 minutos después de batir a Sonego para enfrentarse a Casper Ruud y ni el cansancio pudo con él. El noruego, eso sí, trató de llevarle al límite y ya desde el primer set trató de hacerle largo el duelo. Rudd golpeó primero porque no desaprovechó la tercera bola de break que dispuso con 4-5 y se llevó la primer manga (4-6). Carreño, pese a su fabilidad en el saque (ganó el 72 por ciento de primeros saques), no hizo buena ninguna de las dos bolas de break que dispuso y ello le mermó. Sí lo hizo un Ruud que, aún con suspense en la última bola, se llevó el primer set destilando paciencia. En la segunda manga, Ruud siguió la misma estrategia que en la primera, con puntos largos y tratando de mover por la pista a un Carreño que sufrió, aunque resucitó. Llegó a salvar tres bolas de partido con 4-5 y después llevó el set al tie break. Fue entonces cuando el español sacó su carácter, aguantó la presión y su sexta bola de set fue la vencida para hacer suyo el 7-6 (8).

El tercer set, ya con los focos de luz encendidos, fue un todo o nada que puso de pie en más de una ocasión al público de la pista Rafa Nadal. El intercambio de golpes fue trepidante y hubo breaks por parte de ambos tenistas en el inicio (2-2). Las sensaciones en pista de Carreño fueron mejores que las de un Ruud que no paró de gesticular y hacer ‘no’ con la cabeza.Y todo esto cristalizó en el sexto punto que se llevó un Carreño al que la bola le corría a un nivel excelente y que se puso 4-2 y con servicio a favor. Los últimos puntos fueron trepidantes y el de Gijón se coronó rey tras la enésima remontada en el duelo porque con 5-3, Ruud se puso 0-40. Carreño lo recuperó y tras varios deuce se impuso 6-3. La pista Rafa Nadal enloqueció con él y le acompañará este sábado en la semifinal.     

El «Diego, Diego» de la pista 1 liquida a Aliassime

Los cánticos de «Diego, Diego» se escuchaban desde la pista central donde Pablo Carreño y Casper Ruud peleaban por la otra semifinal. No era para menos el impulso de la grada, después de la remontada del Peque Schwartzman ante el canadiense Felix Auger-Aliassime, ese robot que saca, volea y tiene juego desde el fondo de la pista, que corre como un gamo, pero que sufre desconexiones que le penalizan. Después de ganar el primer set por 6-3, cayó en las garras del argentino, que coció el partido a fuego lento y se llevó los siguientes sets 2-6 y 3-6.

Con el martillo que tiene el argentino en la derecha golpeó primero en el segundo set (0-1). Aliassime sobrevivió por sus saques directos, pero pronto perdió la inicitiva (1-3). Schwartzman, que mejoró en el resto, la supo administrar y cada vez se encontró más cómodo. Tiró dos dejadas, dos reveses a dos manos ganadores y, cuando el canadiense tuvo cerca la rotura para el 4-3 y el saque, se agarró al partido, remontó y llevó el partido al tercer set (2-6).

Ambos jugadores se olvidaron del cansancio, del partido de octavos que habían jugado al mediodía, y se lanzaron la tumba abierta. Con 1-1, Aliassime protestó una decisión del juez de silla en la que reclamaba que una bola de su rival había botado fuera. Ambos estuvieron dos minutos debatiendo y gesticulando en la pista. Un síntoma no demasiado esperanzador para el canadiense. De hecho, y después del 1-2, se entregó a Schwartzman, quien se agarró a la pista, golpe a golpe, y fue lanzando golpes ganadores y desquiciando a su oponente hasta colocarse 3-5 y con servicio. Schwartzman no perdonó y a la cuarta bola de partido se metió en las semifinales al grito de «Diego, Diego».