Nadal y el club de las leyendas: Pelé, Bolt, Jordan…

El deporte tiene una facilidad innata para encontrarse con la épica. Forma parte de su idiosincrasia. Se suele componer de ganadores, perdedores y el hilo que, al mismo tiempo, les une y separa: una pelota que bota dentro o fuera, un segundo de más o de menos, etc. Altas dosis de adrenalina que, más allá de la emoción del momento, escriben páginas y páginas de historias increíbles. En ellas, desde hace mucho, Rafa Nadal es uno de los nombres más destacados. Ahora, todavía más. Por el qué y por el cómo. Por ser, tras vencer a Daniil Medvedev en la final del Open de Australia, el primer tenista de la historia en conseguir 21 Grand Slams, rompiendo el empate histórico con Novak Djokovic y Roger Federer (20 cada uno); pero también por haberlo hecho tras medio año sin competir y con el escafoides partido por la mitad. Sufrimiento, sacrificio y gloria. La secuencia lógica de la mencionada épica. El camino de un deportista que, junto a otros elegidos, forma parte de un selecto club de leyendas.

Joe Louis, el rey de los pesos pesados

«El bombardero de Detroit» es otro ejemplo paradigmático de la épica deportiva. Junto a otros seis hermanos, nació en una cabaña de algodoneros de Lexington (Alabama) y perdió a su padre a temprana edad. Se subió a un ring prácticamente de casualidad y, desde ahí, pasó a ser clasificado como el mejor peso pesado de la historia por la International Boxing Research Organization. Fue campeón de los pesos pesados durante 12 años seguidos (desde junio de 1937 a marzo de 1949), una marca a la que nadie se ha acercado, y realizó 25 defensas exitosas del título.

Bill Russell, el señor de los anillos

Nadie ha ganado tanto en el deporte estadounidense como Boston Celtics en los años 50 y 60. Ocho anillos seguidos y once en trece años, una dinastía difícilmente repetible. John Havlicek, Sam Jones, Bob Cousy, Red Auerbach… Son muchos los nombres propios que dieron forma a la hazaña. Entre ellos, el de Bill Russell, presente en los once campeonatos logrados y, con ello, el jugador con más anillos de la historia de la NBA.

‘O Rei’ Pelé

«Pelé es perfecto, Edson es una persona como otra cualquiera», suele decir Pelé, Edson Arantes do Nascimento, sobre sí mismo. Pasó hambre de pequeño, cuando vendía cacahuetes y limpiaba zapatos en la calle para ayudar a la economía familiar, y se afanó para cambiar la historia, la suya y la del fútbol. Su irrupción en el Mundial de 1958, al que estuvo a punto de no llegar por lesión, significó un antes y un después. Con 17 años, ganó su primer Mundial. El primero de los tres, marca récord, que lograría en doce años.

Michael Jordan o el arte de volar

Desde su inolvidable canasta ante Byron Russell, en el sexto partido de las Finales de 1998, hasta el tiro libro con los ojos cerrados retando a Mutombo. Michael Jordan fue otro fino estilita del qué y el cómo. Sus seis anillos con Chicago Bulls, sus 14 All Star, sus diez temporadas liderando la NBA en anotación o sus cinco MVP le sitúan en la cúspide del baloncesto. Su carisma y la narrativa, con su sonado retiro para jugar al beisbol como muestra, le convierten en un icono social.

Eddy Merckx, el gran monumento

Pocos se atreven a cuestionar la posición de Merckx dentro de la historia del ciclismo. Si se utilizara una máquina para crear al corredor perfecto, saldría alguien de sus características. Reinó en todas las grandes vueltas, con cinco Tours de Francia, cinco Giros de Italia y una Vuelta a España, pero también en las clásicas y los monumentos. De hecho, junto a Roger De Vlaeminck y Rick Van Looy, es el único corredor en ganar las cinco carreras de esta última categoría.

Michael Phelps, el tiburón de las medallas

La bala o el tiburón de Baltimore. Cualquier apodo, por grandilocuente que sea, no es suficiente para ensalzar la figura de Michael Phelps. Pekín 2008 lleva su apellido, fueron sus Juegos Olímpicos. En ellos, logró ocho medallas de oro, el récord en una sola edición. Una parte significativa de su palmarés, pero no todo: con 28, es el deportista olímpico con más medallas de la historia. Las devoraba.

Usain Bolt, el hombre que rompió la ciencia

Nadie pensaba que se podía nadar tan rápido hasta que llegó Phelps. Y nadie pensaba que se podía correr tan rápido hasta que llegó Usain Bolt. Sus 9,58 segundos en los 100 metros del Mundial de Berlín (2009) aún son estudiados por la ciencia, que vio rotos todos sus esquemas. Antes de establecer semejante récord, ya había batido la marca en otras dos ocasiones (9,72 y 9,69). El atleta jamaicano convirtió algo más que lo extraordinario, lo inconcebible, en rutina. En total, ostenta ocho medallas de oro en Juegos Olímpicos y los récords en 100 y 200 metros, además del de 4 x 100 en relevos. 

Margaret Court, el mayor Grand Slam

Rafa Nadal, con su 21º major, ha logrado lo nunca visto… en categoría masculina. Antes, el mundo ya contempló a Margaret Court lográndolo. La tenista australiana levantó hasta en 24 ocasiones los trofeos de Roland Garros, Wimbledon, US Open y Open de Australia, llegando a ganarlos todos en una misma temporada. No es el único caso. Serena Williams, la inabarcable imagen del tenis femenino contemporáneo, acumula 23 Grand Slams. 

Indurain y un lustro eterno

Lo difícil no es llegar. Lo difícil, dice el refranero popular, es mantenerse. Miguel Indurain lo hizo como nadie. El ciclista español, en un lustro dorado difícilmente igualable, ganó cinco Tours de Francia de forma consecutiva. Una oda a la regularidad. Más allá de sus entradas triunfales en los Campos Elíseos, Induráin también logró dos Giros y un mundial contrarreloj. Paradójicamente, se le resistió la Vuelta. 

Larisa Latynina o el arte de ganar medallas

La gimnasta más laureada de la historia y la mujer con más medallas en los Juegos Olímpicos. En total, 18. Hasta Londres 2012, cuando la rebasó Phelps, era la deportista más condecorada en el certamen. Es difícil entender la gimnasia artística sin su legado, uno que empezó abrazado por la precocidad. Con 11 años, tras sufrir la muerte de su padre en la batalla de Stalingrado, encontró un refugio en el ballet. Con 21, llegó a Melbourne para cambiar la historia. 

Leo Messi, el futbolista de oro

El rey del deporte rey. Al menos, en la época contemporánea y si se atiende al número de premios individuales. Este mismo año, marcando diferencias en la disputa con Cristiano Ronaldo (5), Leo Messi recibió su séptimo balón de oro. Nadie tiene tantos como él. Es el jugador con más goles en la liga española, en un año natural… El fútbol personificado. 

Jack Nicklaus, el Oso de oro

Ningún golfista tiene tantos Grand Slams como él. Y, pese a ello, Jack Nicklaus va mucho más allá de los números. El Oso de oro, como se le apodaba, era capaz de golpear tan fuerte como cualquiera y, al mismo tiempo, de acariciar la pelota dentro del green. Ganó su primer título del Abierto de Estados Unidos en 1962 y ya no paró. Después, llegaron 18 majors y más de 105 torneos ganados. 

Giacomo Agostini, un acelerón imparable

«Es muy duro cuando dejas lo que llevas haciendo toda la vida», aseguraba recientemente Giacomo Agostini. Más duro es todavía cuando lo que has hecho durante toda tu vida es ganar. El expiloto italiano cosechó 15 títulos y 122 victorias en el Campeonato Mundial de Motociclismo. Además, lo hizo de la única forma que sabía, acelerando más que nadie: sólo necesitó diez años. 

Schumacher, Hamilton y sus siete Mundiales

Sobre dos ruedas, nadie corría como Agostini; sobre cuatro, el honor es compartido. Cuando Michael Schumacher logró su séptimo Mundial en 2004, era difícilmente concebible que alguien le igualara en un periodo de tiempo tan corto. Hamilton, en 2020, lo hizo posible. El carácter y la ambición del Kaiser o el hambre insaciable de Lewis. Los dos, como la mayoría de leyendas, han sobrepasado los límites de cualquier circuito. 

Tom Brady, el sueño americano

Fue seleccionado con el pick 199 de la sexta ronda del Draft del 2000 y, a sus 44 años, el retiro asoma para coronarle como el más grande de todos los tiempos en la NFL. Tom Brady, con siete, tiene más Super Bowls que cualquier franquicia y ha ganado más de las que cualquier otro jugador ha disputado. Sus números, con innumerables récords, son de otro planeta; sus cualidades, de otra galaxia. Sin tener el físico más poderoso, el prototípico para su deporte, nadie ha ganado como él. Ni en cantidad ni en calidad. 

Gary Kasparov, el inamovible uno

El maestro de los maestros. Desde 1984 hasta su retiro, en 2005, Gary Kasparov fue el número uno del ajedrez mundial. En total, 255 meses de liderato inamovible, cifra récord. Su rivalidad con Anatoly Karpov, que fue mucho más allá del deporte, ha escrito páginas y páginas de historia. La propia historia, de hecho, se puede entender a través de dicha rivalidad.