El milagro de Nadal

“No sé, fue un pequeño milagro. Estaba destruido físicamente. Pero mi saque funcionó bien, y para mí, cada juego que iba ganando con mi servicio era una victoria”. Así fue como describió Rafa Nadal la manera en la que consiguió vencer a Denis Shapovalov (6-3, 6-4, 4-6, 3-6 y 6-3 en algo más de cuatro horas) y clasificarse por séptima vez para la semifinal del Open de Australia, la 36ª de Grand Slam que disputará la madrugada del jueves al viernes (no antes de las 4:30) contra Berrettini (el italiano ganó al francés Monfils por 6-4, 6-4, 3-6, 3-6 y 6-2 en 3h49). Un golpe de calor puso en peligro el triunfo del balear, que en poco más de seis meses ha pasado de tener serias dudas sobre si podría continuar compitiendo a estar a dos pasos de ganar su 21º título en un major.

La palabra milagro sirve también para adjetivar el proceso que ha llevado a Nadal a encontrarse en una posición impensable cuando tuvo que renunciar a jugar el US Open por culpa de la lesión crónica que padece desde los inicios de su carrera en su pie izquierdo (Síndrome de Müller-Weiss), que ya renqueaba cuando perdió contra Djokovic en la penúltima ronda de Roland Garros y que motivó su renuncia a participar en Wimbledon.

En septiembre se sometió en Barcelona a un tratamiento que incluía una pequeña intervención quirúrgica. Rafa publicó en redes sociales una fotografía en la que se le veía apoyado en unas muletas y con la pierna escayolada. A partir de ahí, descanso, recuperación con su fisio Rafa Maymó, más tarde preparación física, y en cuanto pudo, entrenamientos en pista, antes de viajar a Abu Dabi para participar en una exhibición en la que perdió contra Murray y Shapovalov, el 17 y el 18 de diciembre. Para colmo, allí contrajo la COVID, igual que parte de su equipo y de su familia, por lo que su desplazamiento a Australia se retrasó. No obstante, 156 días después de disputar su último partido oficial, ganó el ATP 250 de Melbourne en la final contra Cressy.

ESCAFOIDES PARTIDO

«Para mí, poder jugar a este nivel contra uno de los mejores del mundo y volver a verme competitivo, lo es todo. Disfruto de cada momento, doy lo mejor de mí con la actitud más positiva posible y con el espíritu adecuado”, dijo Nadal tras superar a Shapovalov. Frases que resumen cómo se siente. Porque cómo reveló hace unos días, “con el escafoides partido por la mitad es difícil que la lesión esté olvidada”. “Esto es una verdad como un templo y será así por el resto de mi vida. Otra cosa es que me pueda dejar competir con más o menos garantías y eso es lo que estamos intentando”. Con 35 años y 242 días, alguno más que Monfils, era el más veterano de los cuartofinalistas del Abierto aussie y el cuarto más mayor que entra en semifinales en la Era Open (desde 1968), después de Rosewall, Federer y Mal Anderson, que lo consiguieron con 36.

Muchos jugadores se hubieran retirado, pero Nadal hizo “un ejercicio de supervivencia, de resistencia tanto mental como física” para “sacar adelante un partido que parecía prácticamente imposible ganarlo” contra Shapovalov. Y está a dos triunfos de ponerse al frente de la lucha por la supremacía histórica al deshacer el empate a 20 títulos de Slam que mantiene con Federer y Djokovic. Un objetivo que no le quita el sueño. “Compartimos una parte increíble de la historia de nuestro deporte y para mí es un verdadero honor ser parte de ella. Pero no espero nada. Solo sigo adelante. Disfruto jugando al tenis y quiero seguir haciéndolo el mayor tiempo posible. Estamos en las semifinales del Open de Australia, magnífico para mí. Pero mi felicidad no va a depender de lograr un trofeo más que ellos”, explica el manacorí, que este miércoles se tomará un día de relativo descanso (saldrá a pelotear 15 minutos), antes de preparar el asalto a la final. Un milagro.