Djokovic sí cumple las reglas

Novak Djokovic es al Open de Australia lo que Rafa Nadal a Roland Garros y Roger Federer a Wimbledon. Su dominador histórico. Por eso se entiende que la organización del primer Grand Slam de la temporada haya buscado, junto al propio tenista, las soluciones oportunas para que su campeón pueda jugar este delicado año en Melbourne. Por eso, y también porque Djokovic es el número uno del mundo, el ganador de 20 grandes, uno de los mejores deportistas de siempre, una leyenda en activo… Su participación, al margen de otras valoraciones ajenas al deporte, es buena para el torneo y para el tenis. El serbio no ha aclarado si está vacunado contra el coronavirus, pero podrá jugar gracias a una exención médica, lo que es igual de legal que lo primero. Craig Tiley, mandamás del Open, lo dejó claro en unas recientes palabras previas a la confirmación de la noticia: “Si Djokovic va a venir a jugar es porque está vacunado o porque tiene una exención”. En su caso es por lo segundo, así que Novak no se ha saltado las reglas. Sostener lo contrario son pataletas.

Otra cuestión diferente es el debate social sobre si la ciudadanía al completo debería estar vacunada. Desde ese prisma, hay que aceptar que la presunta negativa de Djokovic a hacerlo pueda recibir críticas. Aunque también sorprende que la misma libertad que tanto se ondea para llenar bares y discotecas sin mascarillas, no se aplique luego para respetar el derecho de una persona a decidir sobre algo mucho más íntimo. La reflexión, en cualquier caso, va más allá del deporte y pertenece a otros foros. En el caso exclusivo que afecta a la competición, Djokovic podrá defender su corona sin incumplir ninguna regla, porque las autoridades de Australia, uno de los países más estrictos con las medidas y las restricciones sanitarias contra el virus, han decidido que la situación médica de Nole es compatible con sus leyes. Así de claro.