El positivo de Nadal

El deporte es un reflejo de la sociedad. Si la sexta ola de la pandemia de coronavirus crece con contagios en cascada, como ocurre en las últimas fechas con la variante ómicron, los deportistas sufren los mismos efectos. No son superhéroes, aunque a veces lo parezcan. El penúltimo nombre que se ha sumado a la lista ha sido Rafa Nadal, con un positivo que ha sonado más alto que otros casos paralelos por la dimensión del personaje, que ya sería razón suficiente para copar los titulares, pero también porque en los días precedentes se dejó ver en Abu Dabi, y sin mascarilla, junto al rey emérito. El suceso llegó rodeado de polémica por la carga política que tuvo el gesto de Nadal, en pleno debate sobre la posible vuelta de Juan Carlos I a España. Este no es el foro para enjuiciar la pertinencia del encuentro, pero sí sus consecuencias deportivas. Por un lado, el positivo de Rafa, con rey o sin él, complica su reaparición en un torneo oficial a primeros de año en Australia. Después de su última baja de más de cuatro meses por una lesión en un pie, el coronavirus pone otra piedra en el camino.

El positivo de Nadal también tiene una vertiente social, que alude a la responsabilidad de los deportistas de élite, y de los personajes públicos en general, de trasmitir valores a la población. Nadal siempre ha sido un ejemplo, y lo va a seguir siendo, por su comportamiento en la cancha, y por iniciativas benéficas como la que protagonizó con la Cruz Roja junto a Pau Gasol. El virus lo puede sufrir cualquiera, nadie está libre del riesgo, pero extraña ver esas fotos sin la cautela sanitaria aconsejable, precisamente por ser Nadal quién es, y por la elevada condición del acompañante. Si el deporte es un reflejo de la sociedad, también los deportistas son humanos en sus errores. Llegados a este punto, ahora lo importante es que Nadal, y todos los contagiados, tengan una buena recuperación.