«El IndyCar ni se acerca al F1»

Horas después de haber pilotado en Yas Marina el MCL35M, parecía que Pato O’Ward se hubiera bajado de un transbordador espacial. «¡Vaya máquina!». El mexicano, de 22 años, se ganó un test con el McLaren de F1 después de su gran temporada con el otro McLaren en la IndyCar. Pero no muchos esperaban que un piloto acostumbrado a altas velocidades en un monoplaza de primer nivel terminase tan maravillado con una mañana de pruebas en el Fórmula 1: «Al límite, increíble, nada en el mundo se le acerca. Todavía estoy flipando, al día siguiente me desperté con una sonrisa gigantesca. Es una experiencia increíble que te hace querer más».

AS le preguntó directamente, ¿en qué se diferencia del IndyCar? «La carga aerodinámica, el peso, la potencia… el coche hace todo lo que quieras, gira, frena, acelera. Hay límites, pero en lo relativo a lo que es posible desde el punto de vista de un ingeniero, es el máximo que se puede crear. Mientras que el IndyCar es más pesado, tiene menos potencia y mucha menos carga aerodinámica. Puedes sentir la diferencias y son mucho más locas de lo que había imaginado. Los dos tienen su punto, pero para ir lo más rápido que puede ir un humano en un coche de carreras, en un circuito, el IndyCar ni se acerca al F1. Nada». Un motor de F1 desarrolla alrededor de 1.000 CV, por los 700 de la IndyCar. En Austin, una pista que ambos campeonatos han visitado en los últimos años, hay unos 20 segundos de diferencia por vuelta a favor del Gran Circo.

Sería difícil competir con un F1 en los circuitos del campeonato americano, «son demasiado bacheados. Si acaso, aunque fueran estrechos, se podría en Barber y Elkhart Lake». Entre las particularidades al volante, «en la recta de atrás de Yas Marina, con el F1 frenas después de la señal de 100 metros. Con el IndyCar sería, como tardísimo, sobre los 150 metros». «En cuanto me subí al coche y toqué los frenos me dije, ¡dios mío! Y con la potencia igual, y me decían que ni siquiera iba al máximo de potencia. Cuando la puse, en simulación de clasificación, es fantástico», resumió Pato, feliz con la experiencia y con ganas de repetir: «Veré qué piensan los jefes, pero quiero más de esto, porque es adictivo».

Sólo le lastró el plano físico, y eso que se trata de un piloto profesional de primer nivel. «Estoy sorprendido porque mi cabeza siga en su sitio. Estoy contento porque sé que yo ya no era el límite. Desgraciadamente, mi cuello sí que lo era. Lo recordaré durante mucho tiempo, hacía mucho tiempo que no me subía al coche y sentía de verdad que el coche se estaba riendo de mí. En algunos puntos es como si me dijera: ‘No seas tan flojo’. Otras veces te dice: ‘A ver qué sabes hacer’. Espero volver a probar y poder quejarme, si necesito una cosa u otra». «Viendo los datos del fin de semana, sabía que las curvas dos y tres eran a fondo, así que me desafié a mí mismo para hacerlo así desde la primera vez, para no ser un flojo. En mi primera vuelta, en las frenadas sabía que pisaba demasiado pronto. Pero en las curvas rápidas, pisé a fondo y el cambio de dirección… ‘wow’. Una montaña rusa haciendo eses a 300 kilómetros por hora», cerró Patricio. «Es alucinante».