«Era el último mono en el Madrid y Pellegrini fue justo conmigo»

Esteban Granero (Madrid, 34 años) lleva seis meses retirado del fútbol por voluntad propia y todavía no ha tenido tiempo de arrepentirse, ni mucho menos de aburrirse. Es más, a sus días le faltan horas para hacer todo lo que fluye por su privilegiada cabeza. Desde su despacho de Best of you, agencia de representación de futbolistas, conduce su empresa de Inteligencia Artificial (Olocip), con la que busca mejorar el rendimiento del deportista desde la utilización de datos y organiza el resto de sus múltiples ocupaciones, mitad trabajo, mitad ocio. La invitación a hablar de su anterior vida, la de futbolista, es aceptada por su parte con una predisposición absoluta. Su verbo huele fresco y sincero. Sin tapujos, ni regates. Virtudes que el entrevistador valora y el lector seguro que agradece.

¿Sigue hablando y pensando como futbolista o ya ha pasado el suficiente tiempo como para hablar en pasado?

Ya estoy lo suficientemente lejos de lo que es estar en activo. Siento que lo he dejado atrás. No tengo patinazos, ni nostalgia dolorosa. Lo asumo con deportividad.

¿Y sigue siendo un pirata?

En el fondo nunca lo he sido. Soy más de perfil bonachón que pirata. He conocido muchos piratas para bien y para mal y yo siempre he sido más conservador. Pero las pintas son las pintas y eso me ha marcado. Me lo puso un comentarista de Real Madrid TV y fue porque tenía pelo y barba desde jovencito.

Creo que es futbolista por su hermano, normalmente se es futbolista por el padre o el abuelo.

Por y para, diría. Tengo un hermano mayor que me saca 12 años con el componente paternalista del hermano muy mayor y muy futbolero. Sin él no hubiera sido jugador. No se me hubiera ocurrido. Me hubiesen llamado la atención otras 100 cosas antes y se me hubiesen dado bien. El fútbol, precisamente, por mi personalidad, por mi forma de ser, digamos que encajaba menos conmigo. Lo que pasó es que mi hermano mayor insistió y su poder de persuasión fue grande y más cuando el hermano pequeño tenía ganas de agradarle. Y todo eso, a veces, tiene más peso que el talento y la vocación.

Quien lea esta entrevista se va a encontrar con un exfutbolista recién retirado; gestor del Marbella FC; un psicólogo; un experto en la inteligencia artificial; un escritor; un ávido consumidor de libros y crítico literario; un montañero; un ajedrecista con muchas horas de tablero; o un experto musical que toca la guitarra y compone… ¿Cuál de todas esas facetas que llenan su vida diaria habría que poner en su tarjeta de visita?

Todas y ninguna. No soy psicólogo porque me queda un curso para licenciarme. Toco la guitarra mal, porque aprendí de pequeño. Sí es verdad que me gusta mucho la montaña, pero tampoco voy mucho, ni subo demasiado. Mato el gusanillo. Lo mismo me pasa con el ajedrez, soy un jugador de club, de medio nivel… Tampoco soy un especialista en inteligencia artificial, aunque ya lleve seis años en mi empresa y al final aprendes, pero los especialistas son la gente que trabaja para mí. Digamos que soy alguien curioso al que le gusta hacer muchas cosas, estar en lugares que no domina para aprender a dominarlos y que no hago bien casi ninguna de todas esas cosas, pero sí que intento hacerlas cada día un poco mejor y sobre todo disfrutarlas.

Lo de jugar al fútbol sí lo hizo bastante bien… Hizo una carrera larga de 15 años como profesional.

Me siento un absoluto afortunado. Por supuesto que hice muchas cosas bien para merecer lo que alcancé, pero también ha habido otra gente que las ha hecho, y mejor que yo, y no lo ha conseguido. Hubo alrededor un componente de suerte y de circunstancias. No sé exactamente cuál es la vara de medir el éxito. Si es la que yo pensaba que podía conseguir antes de conseguirlo, desde luego está muy por encima de mis expectativas. Sin embargo, hay cientos y miles de jugadores mejores que yo. Tampoco aspiraba a ser el mejor del mundo. En un entorno donde es complicado, es duro y en el que tampoco me sentía en mi zona de confort, he hecho una buena carrera como para mirar atrás y sentirme reconfortado y relativamente orgulloso.

«Nada es triste hasta que se acaba. Entonces todo lo es». Palabras textuales de su epístola de despedida en la que citó a Kipling, a Dawkins… ¿Cuánto tardó en escribir esa carta?

Nada. Salí a correr por la mañana y la fui montando. En mi fuero interno me hubiera gustado no hacer nada y que hubiera llegado un día dentro de unos años que la gente se preguntara: ‘¿Este donde está jugando, lo ha dejado ya?’ El de la retirada es un momento en el que te tienes que poner el foco y ahí no estoy muy cómodo. Son citas muy conocidas, mundiales, que tenían sentido con lo que quería escribir. No lo he vuelto a leer, la verdad. Seguramente suene a pedante, cursi y de todo, pero en ese momento lo lancé. Dos días un poco agachado y luego pasa todo.

Se retira a los 34… ¿Se lo pide el cuerpo o la cabeza?

La cabeza más que el cuerpo. Usted me ha dicho al verme que estoy para jugar. Llega un momento en el que tienes que decidir. Si no te mueres por hacerlo… No por jugar, porque por jugar me muero hoy también, sino por todo lo que implica ser futbolista. Si no te mueres por hacerlo, mejor que no lo hagas. Como también hay otras cosas y como no me iba a quedar un vacío de tiempo ni de energía, decidí dar un paso al lado, disfrutar del fútbol también desde otro punto de vista y dejar a los jugadores jóvenes que tengan ellos el protagonismo.

FUTBOL 21/22

«No tengo patinazos ni nostalgia dolorosa de haber sido futbolista. Lo asumo con deportividad»


Esteban Granero

¿Y cuando ve a Modric, que a sus 36 años no es precisamente joven, no se arrepiente de haberse ido tan pronto?

Si fuera Modric jugaría hasta los 87… Es que es muy bueno. Yo no fui tan bueno y estoy muy lejos. Es un jugador que domina todos los tiempos, desde la técnica y la táctica. Es maravilloso. Es un Balón de Oro. Está jugando a un nivel estratosférico. Jugaba de mediapunta, por lo que ahora puede jugar sobrado de medio centro. No podrá hacer las cosas que hacía con 23 años, pero hace otras muchas que antes no hacía y que a un equipo como el Madrid le vienen de lujo.

Usted también era un jugón… Un buen pelotero, que decía Johan Cruyff.

De pequeño era un jugador físico. Era grande. Di el estirón rápido. De cadete, juvenil, me imponía por el físico. No era muy técnico. Era mi déficit y me decían que cuando mis compañeros me igualaran en altura y perdiera esa ventaja, habría otros muchos mejores que yo. Eso me dolía. Luego me convertí en un jugador medianamente técnico. No era un prodigio físico. Si sacaba ventaja en el juego era por el soporte de la técnica y saber elegir bien.

Como jugador, ¿era de los que preguntaba mucho, discutía con el entrenador sobre la forma de jugar, se solía ver sus partidos para encontrar los defectos…?

Al entrenador le discutía solo cuando me mandaba al banquillo. Cuando jugaba, me parecía que lo hacía todo bien… Nunca fui de discutir mucho. Siempre les he respetado. En mi cabeza pensaba que siempre acertaba, porque si no entras en el conflicto de pensar que solo acierta cuando te conviene. El entrenador suele estar preparado, tiene experiencia y no tiene la subjetividad que tiene el jugador, que es parte implicada. Es mejor pensar que cuando no te pone será por algo, preguntarte qué tienes que hacer para mejorar. Sí, luego me veía los partidos. Era importante y muchas veces resultaba que no lo habías hecho tan mal o tan bien como pensabas. Relativizas y consigues alejarte del análisis absoluto de si has hecho un buen o mal partido. No. Dentro del partido has hecho de todo.

¿Cuál fue la etapa en la que más satisfecho estuvo consigo mismo?

Estoy relativamente orgulloso de mi primer año en Primera con el Getafe. Tenía 19 años. Conseguimos muchas cosas y jugué bien. Llegamos a la final de la Copa del Rey, en Europa hicimos cosas interesantes. Del primer año en el Real Madrid también me siento orgulloso. Eran circunstancias complicadas. Era el último mono. Con una competencia enorme: Sneijder, Kaká, Van der Vaart, Guti, Lass, Xabi Alonso… y jugué 35-40 partidos. Pellegrini ahí fue justo. Me dijo que, si estaba mejor que otros, me iba a poner. Tenía opciones para salir a otros clubes, creo que el Madrid necesitaba alguna opción más low cost y encajó la mía. Por lo que respecta a la Real, estoy muy orgulloso de la temporada que hice después de la lesión y con el Espanyol tuve una muy buena campaña. Me hicieron capitán los chicos y solo llevaba 10 meses. Fue un año muy bonito con Rubi. Nos metimos en Europa con jugadores que estaban empezando…

Vamos, que se siente orgulloso de muchas cosas…

En líneas generales no tengo remordimientos contra mí mismo por mi carrera, pero por supuesto que podía haber hecho muchas cosas mejor y no hice todo bien. Podía haber sido más dedicado, pero no tengo mala conciencia.

¿Podía haber sido más dedicado en qué sentido? ¿Podía haberse entrenado más, se podía haber machacado más en el gimnasio, podía haber tenido más cuidado con la alimentación…?

Fui un buen profesional. Probablemente, incluso por encima de la media, pero a lo mejor siempre se puede ser más. Veo ahora a Canales, a Casemiro y están tres pasos por encima de lo que pude ser yo… Es un poco lo que comentaba. Nunca me machaqué en un gimnasio. Cuidar la nutrición también hace falta. Hay otros que te ponen en tu sitio. Yo no iba a por nota y otros van a por nota y la sacan. Sergio Canales tiene tres operaciones de rodilla y no solo las ha superado, sino que hoy en día está al mejor nivel de toda su vida con 30 años. Está más rápido, más fuerte, con más capacidad de repetir esfuerzos que nunca. Eso es por algo.

Usted nació en la Avenida del Manzanares… Era territorio ‘indio’ y sin embargo a los ocho años ya estaba en la vieja Ciudad Deportiva

Sí, nací enfrente de territorio enemigo. Pero nos fuimos pronto a Humera y el abuelo de un compañero de clase me ayudó a que el Madrid me hiciera una prueba. Nunca pude ir a otro equipo. Ahora, a los chicos del Madrid de 14-15 años, otros clubes les tientan para irse, antes no pasaba eso. De hecho, si estás en el Real Madrid, ¿dónde vas a ir? Es al revés, si estás fuera y te llaman de aquí, te ponen las orejas tiesas. Entré en el torneo social en el equipo de Quique Sánchez Flores, que después fue mi entrenador. Se lo dije un día. Se nos dio fatal. Solo había un equipo que era peor, el de Alkorta. Quedamos penúltimos, pero yo lo hice bien y me cogieron para el Benjamín A y ya me quedé para siempre.

Vicente del Bosque estaba al frente de la cantera blanca.

Sí. Tengo un gran recuerdo de aquella Ciudad Deportiva. Vicente era una persona muy especial. Lo sabía todo de nosotros. Un día, muchos años después, me encontré con él y sabía los nombres de mis padres, el colegio del que venía, a qué se dedicaba mi padre… Eso es impactante y significa muchas cosas. A final de temporada ibas al Bernabéu, a ver qué pasaba contigo para el año siguiente e iba cagao-cagao. Pensabas que te podían echar… pero yo siempre pasé curso e incluso fui dos adelante.

En el Real Madrid solo tuvo dos entrenadores: Pellegrini y Mourinho. Eran y son como la noche y el día. Distintos en todo.

Así es, son radicalmente opuestos. Mi experiencia con ambos fue estupenda porque fueron conmigo excepcionales y yo con ellos creo que también. En cuanto a las circunstancias no personales, en el momento del cambio de uno a otro estábamos en una situación en la que el Barça la estaba rompiendo, era un equipo casi invencible. Era muy duro para nosotros. Éramos el Madrid y éramos el contendiente. En la Liga de Pellegrini hicimos 96 puntos y quedamos segundos, fue una persecución implacable, pero el Barça nunca perdía.

Y llegó Mourinho.

De Mourinho todos esperábamos el golpe de efecto. Era supernecesario y se produjo. Creo que no se hubiera producido con nadie que no fuera él. Ese cambio implicaba muchísimas más cosas al margen del fútbol, de los jugadores, de las tácticas. Al año siguiente les ganamos la Copa. La Liga, no, pero al otro ya ganamos la Liga del récord de puntos. Vivir ese paso fue una gran experiencia. El Madrid pasó de ser el contendiente a convertir a los demás en aspirantes. Esa es la esencia del Madrid y lo entendió muy bien el entrenador. Las circunstancias que rodearon todo eso fueron demenciales. Un caos. En algunos momentos, divertidas; en otros, complicadas. Pero fue un aprendizaje.

En una ocasión usted dijo que estaba seguro de que Mourinho volvería al Real Madrid. ¿Lo sigue pensando?

Creo que ha estado cerca de volver en algún momento… Sin saber si ha estado o está en la cabeza del club o del entrenador, tenía sentido pensar que podría hacerlo. Mou tiene algo que encaja muy bien con el Real Madrid. Hay partes de él, de su personalidad, de su carácter, que encajaron muy bien en su día. ¿Cuáles? Es un tema casi genético, de identidad… No quiero utilizar palabras que están ya muy contaminadas. No quiero decir ambición porque todo el mundo es ambicioso. Pero Mou tiene una manera de ser ambiciosa, una manera de enfocar los problemas, de elegir un camino que son comunes al club. El Real Madrid, por ejemplo, no busca excusas y Mourinho consigo mismo y con nosotros, de puertas para adentro, nunca las buscaba. Es el entrenador que menos las ponía. Se decía que siempre buscaba alguna, que si los árbitros, que si tal… Era el discurso hacia afuera. Que hubo un encaje club-entrenador fue claro que lo hubo y que lo volviera a haber, tampoco lo descartaría. Me encantaría en algún momento… aunque ahora mismo el Madrid tiene un entrenador que es insuperable.

Le hubiera gustado trabajar con Ancelotti.

Me hubiera encantado. Me parece excepcional. Me encanta. Ahora mismo es un entrenador redondo. Es rotundo. Inmejorable. Muy inteligente. Hay pocos técnicos con tanta experiencia acumulada como jugador y entrenador y tiene una inteligencia social. Quiero decir… de vestuario. Para el Real Madrid, ahora mismo, no puede existir un entrenador mejor. Y lo está demostrando. Podría ser que en sus circunstancias se dieran otros resultados, pero es que encima se están dando los resultados deseados, que al final en los entrenadores es lo más importante. Además, es un tipo muy generoso.

¿Cómo es la vida lejos del Real Madrid?

Jugar en el Real Madrid es una lección de vida y te posiciona. No desde el punto del ego, sino porque es una experiencia traumática para bien o para mal, para lo que sea. Tiene mucho impacto y curte. Luego vas a otro lugar y vas con otro poso. Has vivido cosas muy intensas. Insuperables. Ya no puedes sentir miedo escénico en ningún estadio si has jugado en el Bernabéu y no lo has sentido. Te vas formado. Hecho.

¿Ahora que maneja la inteligencia artificial, se ha parado a pensar qué dirían los datos sobre el Granero jugador?

Dirían, de forma objetiva, cuánto era de bueno y de malo. Cuánto aportaba al equipo. Eso se puede hacer ahora con las nuevas tecnologías. Antes los datos te decían qué habías hecho durante el partido. Ahora te dicen que valor aportas a través de las cosas que haces. Para los centrocampistas y los defensas es muy bueno. A nivel mediático casi solo se le da importancia al gol, a la asistencia, a las paradas. Con la inteligencia artificial te das cuenta, por ejemplo, de que Modric contra el Atlético hizo las cosas muy bien. O Casemiro hizo cosas que no han salido en ningún lado. Probablemente hicieron cosas de más valor que otros que tuvieron más vistosidad. En mi caso, darían una versión objetiva de mi rendimiento, lo que me vendría muy bien aunque no marcara muchos goles. Me revalorizaría. En algunas facetas habría tenido más argumentos a mi favor y en otras se me hubiesen visto las costuras de forma más evidente. Lo que te dan los datos bien utilizados es objetividad, que ya es bastante.

Cristiano-Messi. Usted jugó con el portugués y se enfrentó al argentino desde cadetes. En una imaginaria situación de tener que elegir a pies entre uno de los dos, ¿a quién elegiría el primero para su equipo?

Yo en esos casos siempre elegiría primero al portero. Casi siempre hay un portero bueno y otro malo. Y después me quedaría con quien el rival no hubiera elegido en su primera elección. Son tan buenos y tan diferentes que es muy difícil compararlos. Para mí, Cristiano siempre estará por delante. Por fidelidad, por compañerismo y por todas las veces que nos ha sacado las castañas del fuego. Le tengo amor muy profundo. Era impactante verle resolver los partidos. Sabías que si él no estaba iba a costar mucho más. Verle entrenar y la ambición que tenía era muy estimulante. Siempre estará por delante, aun sabiendo que Messi es uno de los mejores jugadores de la historia y, sin entrar en debates, un escándalo de jugador.

A la Premier, a jugar en el Queens Park Rangers, se fue un poco por capricho, porque quería jugar un año en Inglaterra…

Sí. Tal cual. Me parecía una experiencia interesantísima y no me defraudó nada. Me pareció divertidísima. Es tal y como te la imaginas viendo sus partidos. Es más dramática, más aleatoria, tiene menos control sobre las circunstancias, al menos cuando yo estaba. Las segundas partes son un caos. Al que va ganando le da igual ir ganando y el que va perdiendo se lanza a tumba abierta al ataque. Está menos encorsetada tácticamente. Es un albedrío muy divertido. Un fútbol muy físico, en estado puro. Desatado.

Los córners y los fueras de banda se celebran como tres paredes o tres ‘caños’ seguidos.

Tiene sentido que celebren un córner como lo celebran. Para ellos es una situación importante de gol porque tienen el potencial para convertirlo. Mejor darle más trascendencia que quitársela, como pasa aquí. Allí era todo un acontecimiento. Había muchos goles de córner y de saque de banda. Me hubiera quedado más tiempo en la Premier League, pero llegó la Real Sociedad. Su presidente me fue a buscar y me convenció al minuto. Y menos mal, porque jugar en la Real, un club muy especial, es una de las mejores experiencias de toda mi vida. El primer año fui cedido y me lesioné nada más llegar. Tenía que volver al Queens y la Real me volvió a llamar para hacerme un contrato, y eso que no había jugado en todo el año. El valor que tiene eso es inimaginable para cualquier jugador.