«Se hace justicia»

Pudo ser catastróficamente decepcionante, si la carrera termina bajo el régimen de safety car; o altamente polémico, si Hamilton hace bueno un adelantamiento por fuera de la pista que nadie quiso revisar. Por eso, cuando el minuto y medio más electrizante de la historia de la F1 llegó a su fin, la mayoría del paddock sintió un alivio: Verstappen había ganado un título que se recordará para siempre frente a un rival a la altura, Hamilton, el mejor según la estadística. Todas las conversaciones con pilotos, ex, padres, madres y allegados celebran el cambio de signo en un campeonato que vivía secuestrado por el poderío de los Mercedes desde 2013.

La última vez que un piloto ganó el Mundial con un coche que no era campeón en constructores, Mad Max aún iba al colegio. Fue precisamente Hamilton, en 2008 (Ferrari se impuso en fabricantes), también en la última vuelta. En aquella carrera de Interlagos, Massa se creyó vencedor cuando cruzó la línea de meta, pero Glock perdió in-extremis el puesto que otorgaba al inglés dos puntos decisivos. En Yas Marina, Latifi ejerció de chispa con un accidente que forzó la aparición del coche de seguridad. Lewis fue campeón durante 57 vueltas, pero Mercedes se ahorró una comprometida parada en boxes, pensaban que no se relanzaría la carrera, y Verstappen se vio con mejores ruedas y más rabia contenida ante una vuelta final de infarto.

«Estaríais rezando o en el baño», bromeó Alonso con la televisión holandesa. «Sin un coche de seguridad, Lewis era el campeón. Con coche de seguridad, lo era Max. Fue cuestión de pura suerte. Pero otras veces tuvo mala suerte, si te fijas en las veintidós carreras anteriores. Se equilibra, se hace justicia», opinó el asturiano, que aunque no apoyara a ninguno expresamente se siente más identificado con Verstappen. «Fue el mejor piloto y Mercedes, el mejor coche», había manifestado en la previa el piloto de Alpine. Sainz, que no debe guardar un gran recuerdo del clan holandés en Red Bull, le abrazó sinceramente antes del podio que compartieron: «Impresionante e increíble desde principios del año. Max ha mostrado ritmo, fue probablemente el piloto más fuerte con el que ha luchado un siete veces campeón del mundo como Lewis”.

Christian Horner, eufórico, comentó a la Prensa: «Todo el crédito a Lewis, fue un rival fenomenal y un gran campeón que da más valor a esta victoria. Por la calidad del rival, este triunfo es tan especial. Posiblemente, el campeonato más grande que hemos ganado». Los cuatro anteriores los firmó Vettel entre 2010 y 2014, dos de ellos frente a Alonso, aunque nunca a la contra. Ganó “Super Max”, según De Telegraaf, fue “Un Máximo de locura” para L’Equipe. Al otro lado del canal de la Mancha, en Inglaterra, ‘Telegraph’ hablaba de “batalla judicial” y ‘The Sun’, directamente, de “robo en la última vuelta”.

Fiesta y desaparición

Al margen tras la carrera, Verstappen completó compromisos mediáticos antes de celebrar en el ‘pit-lane’ con todo el equipo, y con el bloque de Honda, una vez se denegaron las protestas de Mercedes. Se subirá al coche este martes en los test de Pirelli y empezará la gira de compromisos. El jueves debe recoger su trofeo en la gala de la FIA, y también tiene que acudir Hamilton si uno se ciñe al reglamento deportivo.

La reacción del inglés fue diferente, desapareció tras la ceremonia del podio y se aisló en su habitación del hospitality. Cuando bajó a despedirse de sus mecánicos en el garaje, ya se habían marchado todos. Sus quejas por radio al final de la carrera (“han manipulado este final”) han alimentado a los tabloides británicos, algunos incluso cuestionan que Lewis sea piloto de F1 el año que viene. Tiene dos años más de contrato, pero es lícito dudar de cómo encajará una derrota tan dolorosa en una vitrina tan poblada.