Verstappen contra Goliat

¿Quién ganará, Stefano? Y Domenicali, el CEO sonriente en un fantástico reservado del hotel acristalado que abraza la pista de Yas Marina, responde: «La Fórmula 1». La temporada más emocionante de los últimos tiempos, la única que alcanzó el 22º gran premio con los dos primeros pilotos igualados a puntos, concluye hoy en Abu Dhabi. Aunque el tópico esté usado, sólo puede haber un campeón. Desde la pole, exuberante ayer, Verstappen. El aspirante, líder del Mundial, el joven llamado a liderar la próxima generación de talentos. Desde la segunda posición, Hamilton. El siete veces campeón, en busca de un octavo onírico que le desempataría para siempre con Schumacher en los libros de historia y agrandaría la leyenda de Mercedes.

La charla con un ‘team principal’ en otra divertida terraza del emirato arroja claves, lo que el ojo no ve. «Lewis fue de nuevo el más consistente. El único, con Fernando, capaz de repetir el máximo nivel durante veintidós carreras. El Mercedes fue más consistente, posiblemente el mejor coche del año», pero a Max le pesa no haber tirado de calculadora en Silverstone o Hungría, dos carreras en las que, arrollado por Hamilton y Bottas respectivamente, cedió de golpe 42 puntos de renta. Si vence, se sobrepondrá a aquella sangría. Si pierde, el Mundial se le escapó entonces, no ahora. Hay coches con los que un gran piloto tiene que ganar, aunque no sean dominantes. «El Ferrari de 2018 y 2019…». Y este fantástico Red Bull RB16B es uno de ellos.

«Si algo demuestra esta temporada es que la F1 es un deporte de pilotos, no hay más que ver las diferencias entre compañeros con el mismo coche», subraya esta fuente autorizada. La indiscutible hegemonía estadística de Hamilton admite cierto debate cuando se deja de lado el cuántos y se piensa en el quiénes. Sir Lewis llegó cuatro veces a la última carrera con posibilidad de ganar el título. Perdió dos, en 2007 (Kimi) y en 2016 (Rosberg). Ganó dos, en 2008 (a Massa) y 2014 (a Nico). Los otros cinco los conquistó sin sudar contra Rosberg (2015), un Vettel que ya no era el tetracampeón (2017 y 2018) y Bottas (2019 y 2020), subcampeón pero no candidato.

Como si no fuera suficiente batir al piloto con más triunfos de siempre al volante del coche con más éxitos consecutivos y en plena racha exitosa, desde que le calentaron en Interlagos, Verstappen ha debido hacer frente en las últimas semanas al ‘lobby’ británico, esa presencia etérea en el paddock y la Prensa a la que tantas veces se refirió Alonso como enemiga. De la carta en ‘Autosport’ que rezaba «Max, por favor, no lo hagas», al anuncio de navidad de ‘Sky Sports’ con el accidente de Gran Bretaña por el que el neerlandés acabó en el hospital. La marrullera actuación de Max en Yeda avivó la mala fama, aunque las consecuencias de aquel tercer toque del año fueron leves en comparación con Inglaterra y Monza. Lewis, que ha sacado más rédito de la lucha libre hasta ahora, pareció mártir en Arabia Saudí.

Una pole que cambia el estado de ánimo

Con triunfos consecutivos en Sao Paulo, Losail y Yeda, el liderato emocional correspondía a Hamilton, aunque el empate favorezca a Verstappen. La supremacía de Mercedes en el tercio final de la temporada ha sido incuestionable frente a un Red Bull a la contra, pero ese juego de estados de ánimo dio un último vuelco ayer con la soberbia pole de Max en Abu Dhabi, cimentada sobre un generoso rebufo de su compañero, Checo, y apoyada en la estrategia. Ambos saldrán con el neumático blando por el medio de Hamilton. Una garantía para la salida y las primeras vueltas a costa de comprometer la durabilidad de la goma en el primer ‘stint’.

Red Bull prefiere ganar la posición en la pista y defenderla, además sus tandas largas con el Pirelli rojo eran más que satisfactorias. Al mismo tiempo, Mercedes sabe correr en desventaja, así sacaron lo peor de Mad Max hace sólo siete días. Perez parte cuarto y debe incordiar a Lewis. Bottas, séptimo, desapareció del mapa cuando la sangre empezó a salpicar. Aun con Norris tercero, espectador de lujo que no tiene la más mínima intención de meterse donde no le llaman, y Sainz quinto, todos los ojos están delante. Cualquier voz autorizada dirá que hasta que se apague el semáforo (14:00 horas CET, 17:00 en Abu Dhabi), el Mundial está al 50 por ciento para cada uno. A partir de entonces, será el momento de hacer historia. O repetirla.