¡Morata de mi vida!

Costó lo suyo. Estamos en el Mundial, sí, aunque lo hagamos con discreción y no a lo Warhol, con todo el mundo girando la cabeza cuando el artista llegaba a una fiesta. Fue sufrido como pocas veces, pero el gol de Morata, cuando el estómago ya nos dolía de tantos nervios, sabe a gloria. Llegó en el 86′ y su trascendencia le hace entrar de lleno en la videoteca de grandes momentos de la Selección. Dentro de unos cuantos años lo recordaremos, ahora miremos a lo que nos aguarda en 2022 en Qatar. Bonito, muy bonito.

Desde que tengo uso de razón, España no se ha perdido un Mundial. El de Alemania 74 me llegó con cinco años y a esa edad ni siquiera los giros de cintura de Cruyff o el colmillo de Müller se graban en la memoria. Así que lo primero que hay que agradecer a Luis Enrique y sus muchachos es que el proyecto haya llegado a buen puerto. Estamos en Qatar, donde ya han reservado mesa Alemania, Dinamarca, Bélgica, Francia, Croacia, Serbia, Brasil y el propio anfitrión. Una vez allí, solo hay que esperar que España no ofrezca la cara de La Cartuja, donde quizá la presión del envite le atenazó, sino que sepa competir frente a los grandes como lo hizo, sin ir más lejos, en la última Final a Cuatro de la Nations League.

Tanto en ella como en la Eurocopa o en los partidos de clasificación mundialista, Luis Enrique ha dejado claro que lo suyo es fondo de armario y lo demás son… tonterías. Frente a Suecia, por ejemplo, decidió hacer seis cambios respecto al partido en Atenas. Solo Laporte repetía en la zaga, donde Azpilicueta, Pau Torres y Jordi Alba eran novedades. De ahí hacia adelante, Busquets, Soler y Olmo también entraron en el equipo. En Suecia, Janne Andersson ponía letra a la música que venía sonando desde que la selección se estrelló en Georgia; es decir, Kulusevski e Isak en ataque en detrimento de Ibrahimovic. Las críticas recibidas por el del Milan apuntaban a ello y en la media tarde sevillana, con los aficionados españoles envueltos en anoraks y los suecos luciendo bermudas, se confirmaron esos rumores. En España sorprendía que un jugador que llegó a la convocatoria por la lesión de otro, De Tomás como recambio de Ansu Fati, haya sido titular en los dos partidos que debían servir de llave hacia Qatar. El experimento funcionó a medias en ambos encuentros.

El primer serio llegó con una rosca de Sarabia que se fue pegada al poste (8′). La Roja triangulaba y su fútbol era una delicia. Pero Andersson no se desmelenó ni antes ni una vez iniciado el partido. En la previa, porque calcó el equipo que tumbó a España en Solna. La única novedad fue el central Nilsson. Con el balón ya en juego, recordó a sus jugadores que solo con pegamento, con las líneas bien juntas, se podría ganar a España. Y desde esa unión llegó la fuerza. Lo hizo en un contraataque llevado por Forsberg cuyo remate (16′) a punto estuvo de batir a Unai Simón. Fue el primer aviso del centrocampista del Leipzig, que al borde del descanso protagonizó la ocasión más clara en una volea que cruzó en exceso. Del mismo modo que Isak y Kulusevski se encendían, De Tomás se apagaba y esas eran las peores noticias para una Selección a la que el orden rival le pesaba en las botas. El descanso llegó con la sensación de mal cuerpo, necesitábamos un jersey no sabíamos si por ser noviembre o por las triangulaciones de Claesson, Forsberg, Kulusevski e Isak.

No era por noviembre, no, eso quedó claro nada más empezar la segunda parte. En el 46, un regalo de Azpilicueta a punto estuvo de ser aprovechado por Isak. Afortunadamente, el de la Real estaba en uno de esos días en que incluso en su caminar le vemos ausente. Su disparo se fue a las nubes, pero bastó para torcer el gesto a Luis Enrique. Merino, Morata y Moreno calentaban. Estos dos últimos entraron en el 59′ por Sarabia y De Tomás. Acto seguido Andersson quitó a Forsberg (gracias, seleccionador) y a Kulusevski. Media hora por delante, un nuevo escenario e Ibrahimovic mordiéndose las uñas en el banquillo.

En el 73′ llegó su momento. Sustituyó a Isak y desde ese instante, nadie quitó ojo a lo que hacía ese gigante con el once a la espalda. Afortunadamente para La Roja, Zlatan llegó tarde a una cita que rumbo al final pintaba como Suecia soñó la noche anterior en el hotel de concentración. Minuto 80 y 0-0. Hora de apretar, de irse arriba. Pero justo cuando llegaba ese arreón surgieron de la nada Olmo y su misil. Un disparo que repelió el larguero tras rozar Olsen y que fue aprovechado por Morata, quien controló y elevó con delicadeza por encima del meta sueco. Era el minuto 86 y significaba el The End. De nada sirvió el empuje final de Suecia, que tiró de carácter. A los nórdicos les esperaba la repesca y a La Roja, el Mundial. Para premios como ese comenzó toda esta aventura.

Cambios

Morata (58′, Sarabia), Rodrigo (59′, De Tomás), Mathas Svanberg (62′, Forsberg), Quaison (63′, Dejan Kulusevski), Ibrahimovic (72′, Isak), Merino (72′, Carlos Soler), Olsson (84′, Krafth), Brais (89′, Dani Olmo), Rodrigo (89′, Pablo Páez Gavira)

Goles

1-0, 85′: Morata

Tarjetas

Krafth (76′,Amarilla) Brais (90′,Amarilla

Clasificación