Simeone: «Puedo ser mal entrenador, pero tonto no soy»

Diego Simeone ha mostrado su cara más humana en El País, en una charla con Vicente del Bosque en la que habla de su presente como técnico del Atlético de Madrid, pero también de sus raíces, de la familia y de sentimientos y métodos de trabajo.

Ambiente en casa desde pequeño. «Superfutbolero. Mi padre ahora está grande. Tiene 77 años, pero jugó hasta los 73-74, ya más lento, obviamente. Después hizo de entrenador de sus amigos y hoy es mi mayor crítico. El 95 por ciento de las conversaciones son sobre fútbol. Nos acerca».

Sus hijos. «Cada uno tiene su personalidad. Los tres son fantásticos chicos. Muy nobles. Los que han trabajado con ellos lo primero que me hablan es de ellos como persona y eso me llena de orgullo. Trato de decirles que no hagan lo que no les gustaría que les hicieran y vivan la vida transparentemente. Que sean ellos. En realidad, nosotros, como entrenadores no somos padres para los futbolistas, pero sí conductores. No valen las palabras. Valen poco. Se las lleva el viento. Lo que quedan son los gestos, las miradas, las formas y, sobre todo, los actos. No hay mejor manera de demostrar afecto o enojo».

El Atlético. «Cuento desde que llegué al Atlético como jugador. Venía de Sevilla habiendo vivido unos buenos momentos. Y aquí, de la nada, la gente me comenzó a querer sin que yo le hubiera dado nada. Mi primera temporada fue irregular, como la del equipo o el club, que venía de un momento de dificultad. Nos salvamos del descenso allí en Sevilla. A partir de la segunda temporada formamos un gran grupo y logramos aquel doblete. Después jugaba en el Inter, en la Lazio y cada vez que volvía a España, escuchaba a la gente que decía ‘ahí va el Cholo, el del Atlético’. La gente me asociaba al Atleti».

Lemar. «Y no sabes la cantidad de gente que me decía que no lo pusiera, que pusiera a otro. Y yo lo veía y decía que tenía que jugar. Tiene cosas diferentes de los demás. Va para delante, gambetea (regatea). Tiene algo que tienen pocos. Hoy ya no se gambetea más. Hoy es todo posicional, hago superioridad numérica por acá, por allá. ¿Y el talento? ¿Y lo individual? ¿Y la gambeta? ¿Y el eludir? ¿Y el sacarse un hombre de encima que rompe toda la estructura? ¿Quién lo tiene? Lemar, João, Correa, pocos».

Saber escuchar. «Escucho mucho. Para nada es debilidad. Me abro siempre para escuchar sus necesidades, para escuchar lo que ven, pero después decido yo. Si tengo algo es que tonto no soy. Puedo ser mal entrenador, pero tonto seguro que no y busco el camino que me lleva más rápido. Bielsa, que era muy estructurado, que tenía muy mecanizados los movimientos, comentaba que su máximo orgullo era que el jugador entrara al campo e hiciera algo que decidiera por sí mismo. La mecanización te genera un estímulo de repetir cosas y ahí es donde tiene que aparecer el otro ‘vos’ y añadirlo a lo que dicen los entrenadores».

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