Las lágrimas de Djokovic

El lobo serbio fue un corderillo en la Arthur Ashe, el día que parecía predestinado a convertirse en ‘El Más Grande’. Novak Djokovic perdió el tren que le llevaba a superar a Rafa Nadal y a Roger Federer en un Grand Slam sin ninguno de los dos, algo insólito. Ahora que el español y el suizo caminan sostenidos por muletas, lesionados, era su oportunidad. Aturdido, nervioso, angustiado por la presión, Nole se vio superado por un Daniil Medvedev excelso en su tercera final en un grande. Se quedó varado en el andén.

El objetivo del Golden Slam (los cuatro majors y el oro olímpico) creció en la ambiciosa mente del de Belgrado desde Wimbledon. Pero se torció de mala manera en Tokio. Y desde entonces Djokovic parecía desnortado, con la espita de la presión a punto de saltar. Sus lágrimas en la silla durante el intercambio con 5-4 en el segundo set acabaron por humanizarle. Delataron toda la carga que llevaba encima. Serena Williams, que lleva tiempo persiguiendo los 24 títulos de Margaret Court, también puede dar fe de lo difícil que es voltear la historia. De la ansiedad que genera. Ahora, la competición sigue. Con Medvedev, Zverev o Tsitispas cada vez más fuertes como elementos disruptivos. Ojalá que con Nadal y Federer pronto en la pelea. Este era el día de Djokovic. Pero acabó ahogado en lágrimas.

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