Badosa fulmina a la mejor

Enorme, impresionante, tremenda Paula Badosa. La española ganó hace un par de días por primera vez a una top-20, la número 12 del mundo, Belinda Bencic, y este viernes se merendó, fulminó podría decirse (6-4 y 6-3 en 76 minutos), a la uno, sobre el papel la mejor, Ashleigh Barty. A sus 23 años logró la victoria más importante de su carrera, que le puse en las semifinales de un WTA 500, el Volvo Car Open de Charleston, sobre una tierra de color gris verdoso. Crecida, como no puede ser de otra manera, se enfrentará el sábado a Sloane Stephens o a Veronika Kudermetova.

Para los que no estén familiarizados con el juego de Barty, lo cierto es que tiene muy pocos defectos. Es la líder del ranking porque su juego tiene un poco de todo. Saca bien, tiene un buen golpeo de drive y el mejor revés cortado del circuito. Hace unas dejadas de locura y es una gran restadora. Quizá no tenga un golpe ganador demoledor, pero le pega muy fuerte y puede sacar puntos de muchas maneras por tiene una manita de escándola y es una gran doblista. Pues contra todo eso luchó Badosa, que tras ganar a McNally en octavos dijo que quería encontrarse al bicho, y se impuso, lo que da un mérito tremendo a su victoria. La australiana de 24 años lleva 40 semanas seguidas, 47 en total, en el trono del tenis femenino y no es casual.

Pero el juego de Paula se le atragantó porque fue una rival que le jugó sin complejos y sacó incluso mejor que ella. Cada vez tiene más pegada y está rápida de piernas, rapidísima, y también de ideas. De esa manera soportó la presión constante de Barty y le levantó hasta 12 bolas de break. Particularmente importantes fueron las tres que salvó en el último juego del primer set con 0-40.

Confirmación

Después abrió la segunda manga con un break. La aussie, campeona de Roland Garros, no lo olvidemos, niveló y después resistió un primer intento de rotura de Badosa, que la incordió en cada resto. Desde el 3-2 la reciente ganadora del WTA 1.000 de Miami, no volvió a rascar un juego y cedió con su servicio. Lo dicho, sombrerazo para la catalana con todo lo que pasó en Australia, incluido el paso por la COVID-19 y un largo aislamiento junto con su entrenador, Javier Martí, que parece clave en su excelente progresión, que le supone, de momento, subir nueve puestos en la clasificación, hasta el 62.

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