Clubes inclusivos en el rugby: la lucha contra la discriminación y cómo funcionan puertas adentro

Son las 6.30 de un domingo cualquiera en la zona colindante a la estación Constitución, un punto de la Capital en el que diariamente parten y arriban historias diversas. Las calles están desiertas, pero lentamente la ciudad comienza a construir sus primeros sonidos. Tres, o cuatro personas solitarias pasean por las veredas con aire meditabundo. Sólo las acompañan las palomas y sus pensamientos. Caio Varela, presidente del club inclusivo de rugby «Ciervos Pampas», degusta un caramelo en las escalinatas que desembocan en la calle Brasil, donde se encuentra el ingreso principal de la terminal. Los otros integrantes del equipo vienen en camino. Juntos, están por emprender uno de los tantos viajes largos hacia las canchas de rugby de equipos pequeños del conurbano bonaerense. En esta ocasión, el destino es Navarro, a 125 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Para llegar allí, deberán tomar la línea Roca hasta Temperley y combinar con un bus provincial. Esa rutina, la de viajar por horas para jugar por ochenta minutos, ya es costumbre para los jugadores de ese club.

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Ciervos Pampas fue creado en 2012 a través de la ADAPLI (Asociación Deportiva Amateur por la Inclusión) con el objetivo de luchar contra la homofobia y desmitificar algunas de las creencias más instaladas en el universo -no sólo del rugby-, sino del deporte argentino. Hasta el año 2018 compitió en la categoría Rugby Empresarial de la URBA, donde los clubes inscriben jugadores amateurs que en su tiempo libre saltan a la cancha e interactúan con la ovalada. «Sabíamos muy poco, casi nada, de rugby en ese momento», admite su presidente, Caio Varela, en diálogo con LA NACION.

Tras caminar la experiencia de la URBA, se dieron de baja por cuestiones organizacionales en 2019, aunque con vistas a reincorporarse en 2020. Pero la pandemia le puso un freno a esa idea. «Durante un par de años fuimos ADAPLI Rugby, pero queríamos un nombre más interesante, y pensamos en un animal autóctono argentino, ahí nació Ciervos Pampas», agrega Varela. «El espacio deportivo es un lugar para combatir la discriminación que sufren algunos chicos homosexuales. Elegimos el rugby de manera inconsciente porque es un deporte en el cual las formas colectivas son esenciales para funcionar, siempre cuidando a tu compañero».

Se trata de uno de los clubes argentinos que forman parte de la International Gay Rugby (IGR), una organización mundial de rugby inclusivo que cuenta con el aval y el reconocimiento de la World Rugby. El otro es Huarpes Rugby Club.

Combatir la discriminación

Muchos de los integrantes del plantel encontraron en este lugar un ambiente de contención, aunque, según admite su presidente, tuvieron que atravesar un camino arduo. A pesar de los logros que la entidad ha conseguido, como el de insertar un equipo inclusivo en un torneo (algo que hace diez años hubiera resultado poco probable), sus integrantes tuvieron que enfrentar, dentro o fuera de las canchas, agresiones físicas y verbales para las que ni la vida ni la calle los prepararon.

«Una vez fuimos a un torneo de rugby y vimos cómo un par de chicos le hacían un ritual de iniciación a un jugador nuevo. Lo estaban cagando a palos por la espalda. Es algo difícil de presenciar…Mientras los mirábamos, nos sorprendíamos. En ese momento uno de ellos nos preguntó si nosotros teníamos un ritual de iniciación propio. Nos miramos entre nosotros y alguien dijo «hagamos un abrazo grupal»…así fue como ese abrazo se hizo costumbre cada vez que alguien nuevo se suma», describe el dirigente.

En las últimas semanas, la familia de Ciervos Pampas estuvo de duelo por el fallecimiento de Alan Calabrese, uno de sus miembros más queridos. Calabrese, quien además de ser jugador, estaba involucrado en tareas vinculadas al crecimiento del club y sus cuestiones organizacionales, se quitó la vida. Tras su muerte, se hizo viral un video de una entrevista que le había concedido a Pampita en el canal Net TV. Allí, el jugador había charlado en detalle sobre sus miedos y el rechazo que había sufrido por parte de sus amigos una vez que manifestó sus ganas de jugar en Ciervos Pampas. «Era un pibe que tenía todo muy claro. Hacía un trabajo comunitario espectacular para Ciervos. Era del club y participaba en la comisión directiva. Fue un ejemplo y referente para los jugadores más nuevos. Encontró en Ciervos un lugar para ayudar a los demás», describe Varela.

La experiencia de Calabrese no fue un caso aislado. Hacia fines de 2017, Jonathan Castellari, quien fuera compañero de Alan en el club, fue atacado en la salida de un local de comidas rápidas por un grupo de jóvenes que lo discriminaron exclusivamente por su orientación sexual. Castellari llevaba puesta una remera con una inscripción que decía hetero el que lo lee. «Me decían: «Hay que matarlo por puto»», escribió Jonathan en aquel entonces en su cuenta de Facebook.

Clubes como Ciervos, o Huarpes, no cuentan con el músculo financiero de un sponsor o un caudal significativo de donaciones, de manera que deben debatir hasta el detalle en qué se va a invertir el capital humano y el dinero que los clubes poseen. Un ejemplo de esto es el dilema de participar -o no- en la Bingham Cup, el torneo de rugby inclusivo más importante del mundo. «Nos encantaría poder ir a la copa (la próxima se juega en Ottawa, en 2022), pero con la plata que gastaríamos en pasajes y estada puedo asegurarme que un chico juegue en Ciervos Pampas por un año, sin pagar un peso. Por ahora, la copa no es nuestra prioridad», analizó Varela.

Nuevos clubes, avances, y los baby steps del progresismo en el rugby

La creación de la Copa Bingham fue una señal positiva para la inclusión en el deporte. Asimismo, el creciente número de clubes como Ciervos Pampas y Huarpes fortalece un ya existente valor positivo que está en aumento.

Eduardo del Valle es capitán de un tercer club, Ruda Macho, que surgió recientemente de un grupo de ex jugadores de Ciervos Pampas que preferían enfocarse en el juego -sólo jugar al rugby-, y no tanto en las actividades extra deportivas relacionadas con el activismo. Hace poco, volvieron a entrenar, tras la larga pausa forzada por la cuarentena. En diálogo con este diario, comentó que su club está realizando gestiones para ingresar en la International Gay Rugby. «Nosotros queremos anotarnos como equipo asociado. Para ser equipo regular deberíamos estar inscriptos en una unión de rugby (como la URBA), pero eso es complicado porque hay un requerimiento que es tener más o menos 25 jugadores, y nosotros llegamos a 18. Pero estamos en tratativas. Por ahora estamos jugando amistosos, y vamos a ser parte de un torneo inclusivo de seis equipos».

Ciervos Pampas también inició una gestión para incluir a personas trans en su lista de jugadores y formar un equipo «sin género». «Es un desafío», admite Varela, quien afirmó que el club está organizando amistosos con equipos que entiendan la propuesta inclusiva.

Tackleando la homofobia

Cada año, Ciervos Pampas organiza un evento deportivo con fines benéficos llamado «Tackleando la homofobia». El año pasado se realizó de manera virtual y las donaciones fueron utilizadas para financiar becas de estudio para jóvenes del colectivo LGBT. En la última edición, hecha en noviembre de 2020, se destacó la presencia de Agustín Creevy, quien habló para la audiencia del evento. El apoyo de jugadores consagrados como Creevy ayuda a revalidar el trabajo que hace la dirigencia de Ciervos Pampas. En otra oportunidad, Agustín Pichot también dialogó con los jugadores del club en un evento online.

«En el primer partido que jugamos en el torneo Empresarial, había ocho chicos que pisaban por primera vez una cancha de rugby. Somos cuerpos rechazados, cuerpos que registran el miedo y que se cierran. Nuestro objetivo es que los que se sumen puedan superar eso y vean que estamos combatiendo la discriminación y transformando el deporte», resume Caio Varela. «Hay un montón de gente por ahí sufriendo mucho. Tanto se dice que el deporte es transformador, que mejora la vida de las personas…Entonces, que mejore la de todas las personas. Estamos cada vez más seguros de que lo que hacemos tiene sentido y de que hay que seguir en la lucha por la construcción de espacios».