16 septiembre 2020

¿Tiene Toto Wolff demasiado poder?

Toto Wolff, una de las personalidades más influyentes de la Fórmula 1 moderna, se plantea su futuro. El austriaco, director de Mercedes y uno de los artífices de la era más dominante de la historia del automovilismo (doce títulos sumando constructores y pilotos, camino de catorce), debe renovar su condición de ‘team principal’ en una negociación compleja con Daimler, porque además de jefe es propietario de una importante porción de la escudería de Brackley.

«No hay razones para no continuar, pero no quiero pasar de ‘muy bueno’ a ‘bueno’. No estoy seguro sobre si el concepto de jefe de equipo funciona todavía en Fórmula 1. Soy responsable de 2.000 personas. 1.000 en la fábrica de motores y 1.000 en la otra fábrica, ¿debería soportar toda la responsabilidad una persona solo?», justifica. Está discutiendo su rol con Ola Kallenius, máximo responsable de la matriz, a quien reconoce como «amigo» a pesar de que se ha rumoreado que no siempre están de acuerdo, algo que no sucedía habitualmente con Dieter Zetsche.

«No quiero que parezca que me voy a ir, no es así. Simplemente estoy reflexionando y también interfieren razones personales. Susie (su mujer) está en un buen lugar, dirige un equipo de Fórmula E (Venturi) y está fuera de casa mucho tiempo. Yo he ido a unas 120 carreras en los últimos ocho años y es algo que debemos reconsiderar», concede. Y amplía: «Creo que das todo lo que tienes, todo tu corazón, toda tu energía… he hecho eso durante ocho años. La cuestión es si eso es sostenible, ¿sufre tu vida familiar? ¿sufre tu propia salud? He tenido migrañas, lo que es algo completamente nuevo. Tu mente deja de tener periodos de inactividad».

Con 48 años, la mano derecha de Lewis Hamilton en los despachos necesita tiempo. Entre las posibilidades, si quisiera rebajar sus funciones, está continuar con un papel directivo, pero no ejecutivo. La rumorología que le acerca a otras escuderías parece, por ahora, inactiva. Muchos intereses. Nadie es imprescindible, tampoco en la F1, pero Wolff es fundamental en el tablero de ajedrez, intereses y política que da forma al Gran Circo.

Accionista de Aston Martin y representante de pilotos

Porque es Mercedes, pero también es accionista de Aston Martin (futuro Racing Point), amigo de Lawrence Stroll o Sebastian Vettel (ha participado en reuniones entre ambos), accionista de Williams (pendiente de vender su participación), suministrador de motores de media parrilla (ahora se suma McLaren) y representante de pilotos, lo fue de Bottas y lo es de Ocon. «Cuando un empresario tiene éxito, como yo he tenido, entiendo que puede ser molesto (para otros) que tenga intereses en relaciones indirectas. Si yo estuviera al otro lado, también lo destacaría», admite.

«Vendí mis acciones de Williams, pero las recuperé por un impago. En Aston Martin apenas tengo una pequeña inversión, me gustan sus productos y la nueva dirección es fantástica. No soy directivo, eso se acordó con Daimler, ni consultor. He dejado de ser mánager de pilotos, simplemente buscamos talentos como cualquier equipo de F1, como Ferrari y Red Bull. No hay conflicto de intereses, pero reconozco que moleste a otros», justifica Toto.

Entre sus tareas más próximas, resolver pronto es la renovación de Hamilton, que está dispuesto pero tendrá que asumir un salario de crisis económica. El británico alguna vez subrayó que sin Wolff se plantearía su continuidad. Hace poco corrigió: «Nadie es imprescindible, el equipo no es una persona». Pero mejor contar con Toto de tu parte.