Nadal predica con el ejemplo

Rafa Nadal no tiene mucha esperanza de que el circuito de tenis se pueda retomar en 2020. Así lo ha expresado recientemente, y seguro que lo repetirá este lunes en Instagram. Su deporte aglutina mayores obstáculos que otros para volver, porque hay torneos semanales en cada punta del planeta y jugadores de todas las nacionalidades. El irregular avance de la pandemia por el mundo, con diferentes regulaciones nacionales, impide coordinar un calendario tan global. Ya no es una cuestión de afanarse en una pista a puerta cerrada, sólo para el público de televisión, sino de dónde podría celebrarse y de quiénes lo jugarían. La ATP tiene un plan, de hecho tiene varios planes, pero también sabe que el curso puede haberse acabado ya. Nadal lo asume y ha buscado una alternativa a la raqueta: la solidaridad.

Muchos recordarán una foto de Nadal que dio la vuelta al mundo, en la que se le veía achicar agua tras las inundaciones de octubre de 2018. Algunos le acusaron de postureo, pero realmente Rafa es un deportista que no necesita lavados de imagen. Le sale del corazón. Nadal está arraigado a su tierra, a su gente, y reside en su Manacor natal, no se ha ido a vivir a Suiza o Andorra, ni lanza críticas desde casoplones de Florida o República Dominicana, como hacen otros deportistas españoles. Desde Mallorca, y después de unos días iniciales de bajón anímico, Rafa se vino arriba y comenzó a idear proyectos benéficos para ayudar a los más golpeados. Igual que el día que se calzó las botas de agua. Primero acordó con Pau Gasol lanzar la campaña #NuestraMejorVictoria, a la que luego se han unido otros, con Fernando Alonso en cabeza. Después ofreció su Academia a la ATP. Y paralelamente ha creado un fondo, con Novak Djokovic y Roger Federer, para apoyar a los tenistas más modestos. El Big Three es igual de grande fuera de la pista. Y Nadal predica con el ejemplo.