Futuro confinado

Muy cerca de Villena, en el noroeste de la provincia de Alicante, es donde vive confinado el futuro del tenis español. Carlos Alcaraz (El Palmar, Murcia, 16 años) pasa el aislamiento en la Academia Equelite que dirige su entrenador, el ex número uno del mundo y campeón de Roland Garros en 2003, Juan Carlos Ferrero.

Ambos llegaron juntos a la escuela del valenciano, que vive allí con su mujer y sus dos hijos, un día antes del inicio del encierro obligado por la pandemia del coronavirus. Venían de California, con el chasco de la cancelación de los Masters 1.000 de Indian Wells y Miami, dos grandes oportunidades que se le esfumaron al muchacho, que poco antes había ganado su primer partido ATP en Río de Janeiro contra Albert Ramos. «Es una pena, lo que tenía por delante era muy bonito y estaba jugando bien (iba a estar también en dos Challengers y después en Barcelona, Madrid y Estoril). Pero es joven y esperemos que esta situación pase lo antes posible. Y si no, pues el año que viene intentaremos otra vez tener esas ocasiones para continuar con su carrera. No creo que esto le afecte seriamente», dice Ferrero.

Los primeros días tras el regreso a Villena, «Alcaraz descansó totalmente del tenis», cuenta Antonio Martínez Cascales, hombre de confianza y uno más de la familia de Juan Carlos desde hace 30 años, cuando empezó a entrenarle. «De momento le estamos preparando de manera suave, con un poquito en movimiento. Ya veremos cuando haya fechas y se pueda ejercitar normal. Ya pondremos objetivos, porque ahora es difícil trabajar con intensidad sin tenerlos y con limitaciones», explica Ferrero.

En Equelite cuidan de 40 tenistas de varios países

El confinamiento del 14 de marzo dejó en la Academia Equelite a 40 chicos y chicas, de entre 13 y 24 años y de varios países (España, Croacia, República Checa, Estados Unidos…), que vivían en ese momento allí con seis entrenadores y dos empleados de cocina. La logística para devolverles a sus casas era difícil y conviven bajo estrictos protocolos de seguridad, con separación en el comedor, en el gimnasio y en las habitaciones. Reciben cada mañana una charla informativa sobre la pandemia y las precauciones necesarias. Y están sanos bajo la supervisión de sus padres adoptivos, Ferrero y Cascales. Consolas, juegos de mesa, libros, series y películas alivian su aislamiento.

Los paquetes de comida se desinfectan antes de que entren a la Academia Equelite.

Los paquetes de comida se desinfectan antes de que entren a la Academia Equelite.

El confinamiento lo pasa Carlos entre partidas de ajedrez, unos días contra su técnico y otros frente a un jugador profesional de la Academia, Mario Vilella (24 años). Ambos reciben clases de inglés de una de las profesoras del centro, que también se quedó. Entretanto, hay tiempo para que el entrenador valore los aspectos en los que Alcaraz mejoró: «Necesitaba un cambio de fuerza porque iba a jugar ya contra gente hecha físicamente. Lo tuvo tras dos meses de duros entrenamientos y creció bastante (1,85)». Eso le ayudó a sacar mejor. «Lo necesitaba para confiar y entrar más en pista en momentos importantes».

El chico, además, controla cada vez mejor sus emociones: “De pequeño era de reacción explosiva en los fallos, pero ahora entiende lo que tiene que hacer. Trabaja con una psicóloga desde noviembre“. Le ayuda a digerir las expectativas que se ciernen sobre él, igual que Ferrero. “Estamos acostumbrados a que la gente le elogie y le hacemos ver que él tiene que ir por su camino siempre. Tiene grandes ejemplos en España para intentar repetir sus hazañas, pero no debe entrar en comparaciones, sería un grave error“.