Las otras confesiones de Mbappé: infancia, ídolos, Mourinho…

Kylian Mbappé, una de las estrellas del París Saint Germain, mostró su lado más íntimo en una epístola publicada por The Players Tribune. A letter for the young Kylians (una carta para los pequeños ‘Kylians’) nos muestra el lado más humano del futbolista galo, desde su infancia en un barrio de los suburbios hasta su debut en el Mundial de Rusia, pasando por una divertida anécdota con José Mourinho.

Una infancia humilde

«Conmigo, todo es fútbol. Puedes preguntarle a mi padre. Cuando tenía tres años, me regaló un camión de juguete para mi cumpleaños, de los que tienen motor eléctrico. Me podía sentar dentro y conducirlo. Tenía pedales y todo. Mis padres me dejaban conducir desde nuestra casa al campo de fútbol al otro lado de la calle, como si fuera un verdadero futbolista yendo en coche a entrenar. Puse celosos a todos mis amigos.

En Bondy no hay mucho dinero. Nuestro vecindario es un crisol de culturas de todas partes del mundo. La gente piensa que por ser de las afueras somos ‘matones’, pero hay matones en todas partes del mundo. Cuando era niño, solía ver a algunos de los tipos más duros del barrio llevar comida a mi abuela. Nunca ves eso en las noticias, solo escuchas lo malo.»

Su anécdota con Mourinho en los premios The Best

«Hay una regla en Bondy que todos llegan a entender. Si vas andando por la calle y ves a quince personas en una esquina y solo conoces a una, tienes dos opciones: o saludar y seguir andando, o estrechar la mano a los quince. Pero si le das la mano solo a uno, las otras catorce personas nunca lo olvidarán, porque sabrán qué tipo de persona eres.

Es divertido, porque he llevado esta lección conmigo toda mi vida. El año pasado, en la gala del premio The Best, estaba con mis padres antes de la ceremonia, y vi a Mourinho al otro lado de la sala. Ya le conocía, pero estaba con cuatro o cinco amigos que no conocía. Entonces pensé: «¿saludo a Mourinho? ¿O me voy?» Finalmente, me acerqué a saludarlo para darle la mano, y naturalmente, hice lo mismo con cada uno de sus amigos. Se quedaron sorprendidos al ver que les saludaba, y mi padre se reía y me dijo: «todo esto es de Bondy». Y es que en Bondy aprendes valores que van más allá del fútbol. Aprendes a tratar a todos por igual.»

Sus ídolos de la infancia

«Mis amigos y yo no esperábamos convertirnos en futbolistas. Algunos niños tienen carteles de superhéroes en sus habitaciones. Nosotros tenemos futbolistas. Yo tenía muchos carteles de Zidane y Cristiano. (Para ser justos, cuando crecí, también tenía algunos carteles de Neymar, que él encuentra muy divertidos).»

Su barrio

«A veces la gente me pregunta por qué hay talento proveniente de nuestros vecindarios. Como si hubiera algo en el agua o entrenásemos de una forma diferente. Pero no, si vienes a Bondy, solo verás un humilde club, algunos apartamentos y césped artificial. Pero creo que el fútbol es diferente para nosotros. Es algo esencial, como el pan y el agua.

Recuerdo que jugamos un torneo en nuestra escuela y fue como nuestra Copa del Mundo. Jugamos por un torneo de plástico de dos euros, pero lo tratamos como si fuera una cuestión de vida o muerte, como si fuera el trofeo Jules Rimet. Pero estoy seguro de que fue bastante difícil para mis profesores, realmente me disculpo con ellos. Recuerdo llegar a casa un día con nueve advertencias diferentes del director: «Kylian no hizo su tarea», «Kylian olvidó el material escolar», «Kylian hablaba de fútbol en clase de matemáticas»… mi cabeza estaba en las nubes.»

El punto de inflexión

«Era un jugador bastante bueno, pero el punto de inflexión fue un torneo cuando tenía once años. Llegamos a semifinales y el partido se jugó en un estadio real en Gagny. Nunca antes había jugado en un estadio tan grande, con tanta gente. Estaba aterrado, prácticamente no corrí, apenas toqué la pelota. Nunca olvidaré, cómo después del partido, mi madre salió al campo y me agarró de las orejas. No por jugar mal, sino por estar asustado. Me dijo: «vas a recordar esto toda la vida. Siempre tienes que creer en ti mismo, incluso si fallas. Puedes fallar sesenta goles, a nadie le importa. Pero que te niegues a jugar porque tienes miedo, puede perseguirte toda tu vida». Nunca volví a tener miedo en un campo de fútbol.»

Su experiencia en el Chelsea

«Cuando tenía once años, fui a Londres unos días para entrenar con el equipo juvenil del Chelsea. Estaba tan emocionado que ni siquiera les dije a mis amigos dónde iba. Cuando volví, mis amigos me vieron y me preguntaron dónde estuve. Les respondía que había estado con el Chelsea, y me respondieron que era imposible. Yo les contesté que sí, que lo juraba, que incluso conocí a Drogba. Ellos insistieron en que les estaba mintiendo. Entonces, le pedí a mi padre el móvil y les mostré las fotos que nos tomamos. Fue cuando me creyeron.

No se pusieron celosos, solo estaban asombrados. Nunca olvidaré lo que me dijeron en el vestuario antes de un partido del AS Bondy: «Kylian, ¿puedes llevarnos allí contigo?» Era como si me hubiera ido a otro planeta. Ir a esos lugares, para nosotros, era como visitar otro planeta.»

Sus padres

«Después de esa experiencia en el Chelsea, les rogué a mis padres que me dejaran ir a un gran club. Pero ellos querían que me quedara en casa para poder ser un niño y vivir una vida normal. No lo entendí en ese momento, pero en realidad fue lo mejor para mí. Aprendí muchas lecciones que nunca habría aprendido en una academia.

Mi padre fue mi entrenador durante diez años, e incluso cuando empecé a entrenar en la academia francesa de Clairefontaine, una de las mejores academias del mundo. Aun así, volvía a casa los fines de semana y jugaba para el equipo de mi padre, el AS Bondy. Y él no toleraba ninguna de mis tonterías de la academia. En un partido casi me mata. Cuando fallé un pase largo con la izquierda, me gritó: «¡Kylian! ¡No estás aquí para probar tus elegantes lecciones de Clairefontaine! ¡Aquí, también tenemos una vida y una liga para jugar!» Mi padre sabía que mi cabeza estaba en las nubes, así que se aseguró de que mis pies estuvieran en el suelo.»

El Mundial de Rusia

«La Copa del Mundo la experimentas como un niño. Nunca olvidaré cuando estábamos en el túnel de vestuarios antes del primer partido contra Australia, esperando para salir. Miré a Ousmane Dembélé y estábamos sonriendo y sacudiendo nuestras cabezas. Le dije: «míranos, el chico de Évreux y el chico de Bondy, jugando un mundial». Me respondío: «es increíble».

Salimos al campo y sentimos a 65 millones de personas detrás de nosotros. Cuando empezó a sonar La Marsellesa, podría haber llorado. Fue muy interesante para mí que tantos de nosotros que ganamos ese mundial creciéramos en los suburbios.»