La tradición de correr al límite

“Conducir aquí es como intentar montar en bicicleta alrededor de tu salón, pero una victoria aquí tiene el valor de dos victorias en cualquier otro circuito”. Con esta cita, el piloto brasileño Nelson Piquet, que paradójicamente nunca logró subirse a lo más alto del podio de este gran premio, definió como nadie el circuito más singular del calendario de la Fórmula 1, el de Mónaco. Este pequeño principado, el más densamente poblado del mundo, en el que se entremezclan miembros de la realeza con magnates de todas las nacionalidades, acoge ininterrumpidamente desde 1955 el Gran Premio de Mónaco y otras carreras automovilísticas que le valieron el número uno de las siete maravillas deportivas del mundo en una encuesta de 2009. La estrechez de sus curvas, en las que adelantar en carrera resulta prácticamente imposible, y la particularidad de su diseño provoca que solamente los grandes pilotos sean capaces de alzarse con la victoria en este circuito urbano que recorre la práctica totalidad del estado monegasco con el Mediterráneo como marco incomparable.

La historia de este circuito se remonta a los años 20, cuando el presidente del Club Automovilístico de Mónaco, Alexandre Noghès, muy relacionado con la familia real del país, propuso al monarca de entonces, el príncipe Luis II, la construcción de un autódromo urbano inspirado por los ya existentes en Santa Mónica y Corona, en Estados Unidos. En 1929, se corrió la primera carrera, con victoria del británico William Grover-Williams, y con el paso de los años, Mónaco se ganó por derecho propio un lugar fijo en el calendario del automovilismo mundial. Tras formar parte del primer Mundial de Fórmula 1, el de 1950, la FIA decidió en 1955 restaurar a Mónaco en la lista de circuitos en los que se correría, y desde entonces se mantiene ahí.

Su recorrido es el más particular de todo el calendario, porque al no ser permanente es necesario montarlo y desmontarlo cada año. La salida se encuentra en el bulevar Alberto I, y a partir de ahí, se avanza por algunos de los puntos más importantes de todo el principado: el Casino, las curvas Mirabeau y Fairmont, el túnel, las chicanes y la celebérrima curva de la Rascasse. Allí, en 2006, se produjo una de las maniobras más polémicas de la carrera de Michael Schumacher, quien, en plena clasificación, detuvo deliberadamente su Ferrari para impedir que Fernando Alonso y Mark Webber, que estaban haciendo mejores tiempos que él, pudiesen salir en mejor posición en la carrera del día siguiente. Finalmente, tras la curva Anthony Noghès, en homenaje al fundador del circuito, llega la zona de DRS, de 510 metros, la única de todo el Gran Circo junto a la del circuito de Suzuka.

Las 6 victorias de Senna y la zambullida de Ascari

En las casi siete décadas de historia de Mónaco y la Fórmula 1, se han producido numerosos episodios curiosos. De entre los pilotos que han inscrito su nombre en la historia del circuito destaca el brasileño Ayrton Senna, con seis victorias. Graham Hill y Michael Schumacher le siguen con cinco, y Alain Prost, con cuatro. Nico Rosberg consiguió tres victorias en Mónaco, pero lo hizo de manera consecutiva, entre 2013 y 2015. Lewis Hamilton, que volvió a reinar en este circuito el año pasado tres años después, está acechando este récord, ya que lleva las mismas victorias que su excompañero de equipo.

El trazado ha sufrido numerosas modificaciones, ajustándose a las reformas urbanísticas del principado. Estos cambios han provocado momentos inolvidables, como el ocurrido en 1955, cuando Alberto Ascari sufrió una colisión y no pudo evitar que su coche acabase en las aguas del Mediterráneo. El piloto italiano no acababa de creerse la situación en la que se encontraba, mientras numerosas personas hacían lo posible por sacar el bólido del agua. Esa zona en concreto se ha reformado bastante, tras la construcción en 1972 del Estadio Náutico Rainiero III.

Desgraciadamente no todo han sido risas y buenos momentos en el circuito. En 1967, Lorenzo Bandini murió tras un accidente, siendo el único piloto en haber muerto por un choque en un Gran Premio de Mónaco. Sin embargo, hubo algunos más que fallecieron, como Luigi Fagioli, que murió en 1952 tres semanas después de un accidente en el principado que parecía menor pero que fue letal, y Dennis Taylor, que falleció en 1962 durante la Fórmula Junior de ese año.

Historias del principado más allá del circuito

En el imaginario colectivo, Mónaco no se puede entender sin su presencia casi perenne en el papel couché. Las tragedias de la familia Grimaldi, la dinastía que gobierna el principado desde 1297, durante los años 80 y 90 han dejado paso a una nueva generación de royals más discretos, aunque con la misma proyección mediática que los anteriores. Desde la fundación del circuito de Mónaco, los sucesivos soberanos monegascos, Luis II, Rainiero III y Alberto II, han apoyado de manera entusiasta todos los eventos que se han celebrado en él en las últimas décadas. De hecho, son ellos los que entregan los premios a los ganadores en el palco real, o en todo caso así lo hacían hasta 2017, cuando finalmente se construyó un podio.

La condición de paraíso fiscal de Mónaco provoca que numerosos pilotos vivan allí durante todo el año. Ha sido el caso de conductores como Gilles Villeneuve, Ayrton Senna, Jenson Button o David Coulthard, quien durante su trayectoria en el Gran Circo fue también dueño de una parte de un hotel en el principado. Más allá de estos, Mónaco ha sido capaz de generar cuatro pilotos que han corrido en la Fórmula 1: Louis Chiron, André Testut, Olivier Beretta y Charles Leclerc, la joven promesa de Ferrari que, sin embargo, no ha sido capaz de terminar la carrera en ninguno de los dos Grandes Premios de Mónaco que ha corrido, en 2018 y en 2019.

Más allá del Gran Premio de Mónaco, el circuito del principado acoge también otras carreras, como la Fórmula E, que se disputa en los años impares, o el Rally de Montecarlo, que a pesar de llevar el nombre de la capital del país transcurre en su mayoría en las zonas de Francia cercanas al principado. Asimismo, en los años pares, se celebra el Gran Premio de Mónaco Histórico. En él, hay siete categorías, que llevan los nombres de pilotos históricos como Juan Manuel Fangio, Graham Hill o Niki Lauda, y en los que se corren carreras con bólidos de época, que van desde los coches de preguerra hasta los utilizados en los años 80. La de este año será la duodécima edición, y se celebrará del 8 al 10 de mayo.

Como broche de oro del fin de semana del Gran Premio de Mónaco, el estadio Luis II, en el que juega el Mónaco, acoge un partido de fútbol entre el Nazionale Piloti, un combinado de pilotos de la Fórmula 1, y un equipo de estrellas en el que suelen participar miembros de la familia real monegasca, como el príncipe Alberto II o su sobrino Louis Ducruet. En la edición de 2016, en el que el equipo de las estrellas estaba entrenado por el italiano Claudio Ranieri, el combinado de los pilotos, capitaneado por Fernando Alonso, se impuso por 3 goles a 1 a su rival. Fue clave el tanto que anotó el piloto asturiano de falta directa. Este encuentro, que se celebra desde hace ya dos décadas, es parte fundamental de la tradición anual de un principado que vive tranquilamente durante casi todo el año, a excepción de dos semanas cada mes de mayo.