Lo que la muerte de Kobe Bryant me ha enseñado sobre el duelo después de perder a mi marido

El domingo hacía 5 grados y yo estaba esperando a mi tren en Cold Spring (Nueva York). Estaba helada y no iba bien preparada, ya que solo llevaba una chaquetilla de Jeff y una camiseta debajo. Trataba de resguardar mis dedos congelados en las mangas largas de su abrigo (todas sus mangas me van grandes). Era el final de un domingo habitual: una ruta de senderismo, una cerveza local y un paseo por la calle principal de ese pueblo antes de regresar al trajín de la ciudad.

<p class="canvas-atom canvas-text Mb(1.0em) Mb(0)–sm Mt(0.8em)–sm" type="text" content="Cuando faltaban unos 15 minutos para que llegara el tren y nos llevara a mí y a mi perro de vuelta a Manhattan, noté que me vibraba el móvil en el bolsillo. Lo saqué pensando que sería un amigo comentando los planes que teníamos por la noche y en lugar de eso me encontré con una notificación de CBS Sports de que el extraordinario e invencible&nbsp;Kobe Bryant acababa de fallecer en un accidente de helicóptero.» data-reactid=»13″>Cuando faltaban unos 15 minutos para que llegara el tren y nos llevara a mí y a mi perro de vuelta a Manhattan, noté que me vibraba el móvil en el bolsillo. Lo saqué pensando que sería un amigo comentando los planes que teníamos por la noche y en lugar de eso me encontré con una notificación de CBS Sports de que el extraordinario e invencible Kobe Bryant acababa de fallecer en un accidente de helicóptero.

No es que sea una gran aficionada al baloncesto, pero la leyenda de Kobe no me resultaba ajena como hermana de un devoto de la NBA y mejor amiga de un hombre de Los Ángeles que llevaba la camiseta de Kobe con el 24 el día que lo conocí y casi literalmente todos los días en la universidad.

“Dios mío”, dije en voz alta para nadie, impactada por lo que acababa de leer. 

Pero después me impactó el propio hecho de estar impactada. De todas las personas que pueden comprender lo repentina que puede ser la muerte, yo estoy en primera fila.

De todas las personas que pueden comprender lo repentina que puede ser la muerte, yo estoy en primera fila

Hace menos de dos años, Jeff, mi marido, murió en un accidente que conmocionó a nuestra comunidad y puso mi vida patas arriba. Jeff era extraordinario e invencible a su modo: un mentor para incontables hombres jóvenes de Connecticut y Washington. Un compañero de trabajo que sacaba lo mejor de su equipo con ánimos y helados en reuniones insoportables. Un tontorrón al que le encantaba bromear antes de irse al trabajo apuntando con los dedos…

<p class="canvas-atom canvas-text Mb(1.0em) Mb(0)–sm Mt(0.8em)–sm" type="text" content="Sigue leyendo en El HuffPost» data-reactid=»20″>Sigue leyendo en El HuffPost